Cristo viene pronto ¡Prepárate!

Desafío hermenéutico: Fundamentos, amenazas y propuesta

Introducción

Muchos leen la Biblia, pero no todos la reconocen como Palabra de Dios autoritativa e incuestionable. La historia demuestra que quienes ven a la Biblia como un texto común, fantasioso, contradictorio, o como la palabra de un dios —en minúscula— que comunica su mensaje en un lenguaje alegórico, figurativo y oscuro, siempre existieron.[1] Hoy en día, las formas en las que se lee, interpreta y comprende el texto bíblico se han diversificado en gran manera, fenómeno que se ha acentuado principalmente durante las últimas décadas.[2]

Esta proliferación se debe a la multiplicación de los pilares sobre los cuales se lee el texto bíblico: los métodos hermenéuticos y las presuposiciones filosóficas que los sustentan. Dichos pilares se han ido renovando e incrementando conforme ha transcurrido el tiempo; sin embargo, durante los dos siglos pasados, sus cambios han sido mucho más dramáticos.[3] Como lo señalan diversos autores, estos cambios se deben al surgimiento del iluminismo, del racionalismo, el secularismo y el naturalismo ateo, así como a los avances hechos por las ciencias humanas y la filosofía. Esta última es, sin duda, la que mayor impacto ha tenido en la hermenéutica bíblica.[4]

Pensadores como Friedrich Schleiermacher,[5] Wilhelm Dilthey, Martin Heidegger, Hans Georg Gadamer, Paul Ricoeur y Jacques Derrida, entre otros, originaron formas de interpretar la Biblia que han producido un cristianismo sin valores sólidos y cada vez más polarizado en su teología. A modo de ejemplo, es posible mencionar la teología de la liberación, la ecuménica, la queer, la feminista, la política, la antropológica, la socialista, la moral, la dogmática y la mística, entre muchas otras.

La diversificación hermenéutica y sus implicaciones

¿Riqueza o peligro? El imperativo de juzgar con conocimiento

Esta realidad teológica, pletórica y polarizada ha hecho que muchos estudiosos vuelquen sus esfuerzos para encontrar una forma diligente y respetuosa de aproximarse al texto bíblico, pues hay quienes desean extraer de él el verdadero, auténtico y original mensaje de Dios. Sin embargo, ha quedado demostrado que la sinceridad y el buen deseo de personalidades como Gerhard Hasel, Elsa Tamez o Joseph Ratzinger, entre otros, no es suficiente. Interpretar la Biblia y luego entregar al pueblo el verdadero mensaje de Dios, liberado de las ideologías del momento, no es tan sencillo como desearlo.

Este pluralismo de acercamientos y métodos hermenéuticos es apreciado como un índice de riqueza por unos y despreciado por otros. Sin embargo, el estudioso de la Biblia, antes de emitir su juicio, debería responder de forma honesta la siguiente pregunta: ¿conozco bien aquello que estoy juzgando? Pues podría ser que “al juzgar a otro, me condene a mí mismo, si se demuestra que al final yo hago lo mismo que estoy juzgando” (cf. Rom 2:1). Juzgar no es malo, pues el fiel hijo de Dios incluso juzgará a los ángeles (cf. 1 Cor 6:3); lo que está mal es juzgar a ciegas, es decir, sin el conocimiento necesario de aquello que se juzga. Por otro lado, no juzgar el método o estrategia que se está usando para interpretar el texto bíblico es aún más peligroso, pues sin querer se podría atentar contra la integridad, autoridad y pertinencia de la Santa Palabra de Dios.

El peligro de la asimilación hermenéutica acrítica

Juzgar conclusiones sin evaluar métodos

Es importante aclarar que lo que normalmente ocurre en el quehacer hermenéutico bíblico no es el juicio de la metodología, sino de las conclusiones. Es decir, se juzga la conclusión propuesta y no los métodos que se usaron para llegar a dicha conclusión. Esto es muy peligroso, pues quien afirma que la unidad entre los hijos de Dios es vital para que se cumplan los propósitos divinos, también podría afirmar que la observancia sabática no está ligada a un día específico. Así, un estudioso descuidado podría tomar una de estas conclusiones y dar por sentado que se trata de un mensaje bíblico, sin percatarse de que la metodología y las presuposiciones sobre las que se construyó el argumento podrían ser antibíblicas.

Con el tiempo, este estudioso descuidado podría ser influenciado al punto de acabar defendiendo la idea de que la observancia sabática no está ligada a un día específico. Debido a ello, la evaluación no solo de las conclusiones, sino también de la metodología y de las presuposiciones, es de vital importancia para todo estudioso de la Palabra de Dios.

La proliferación de métodos

Mark Allan Powell, refiriéndose solo a los estudios que se hacen en el Nuevo Testamento, menciona doce posibles métodos o aproximaciones que el exégeta puede usar de forma consciente o inconsciente en su quehacer académico.[6] Si a estas se suman otras metodologías aplicadas al Antiguo Testamento, junto a otros métodos menos conocidos, la variedad de métodos y presuposiciones se hace difícil de contabilizar. En consecuencia, uno de los mayores peligros que tiene el estudioso bíblico es asimilar conclusiones que parecen correctas, sin una previa evaluación del método y las presuposiciones que acompañaron su desarrollo, pudiendo ser engañados y confundidos.

El uso metodológico de segunda mano

Es importante ser consciente de que es posible usar algún método para estudiar la Biblia sin ser consciente de ello. A esta práctica sumamente peligrosa se la puede llamar uso metodológico de segunda mano. Un ejemplo de esto sería un sermón basado en Apocalipsis 22:14 que defienda una de las dos posibles lecturas de este texto en detrimento de la otra, a saber: “Bienaventurados los que lavan sus ropas” o “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos”.[7] Quien predica sin evaluar la razón para esta aparente diferencia, lo que hace es aceptar de forma inconsciente la crítica textual hecha por las comisiones que determinaron el texto presente en la versión que está usando, y esto podría ser peligroso. Por eso, se recalca que aún más importante que evaluar una determinada conclusión, es evaluar el método y las presuposiciones que acompañan el desarrollo de dicha conclusión.

Por otro lado, es necesario reconocer que hacer una buena evaluación de cierta conclusión, método o presuposición no es posible para una sola persona; por eso es importante entrar en diálogo con otras personas que están haciendo lo mismo.

El caso de la desconstrucción: un ejemplo ilustrativo

Asimilar conclusiones sin evaluar presuposiciones y metodologías, no está restringido a cierto tipo de conclusiones, pues incluso los estudios semánticos dependen de sus metodologías y presuposiciones. Un ejemplo de esto podría ser el significado que se da a la palabra hebrea bābel: alguien dirá que su significado es “confusión”, otro “puerta de Dios”, otro “Dios padre”, y también quien dirá que significa todo eso y cada cosa por separado.

Solo para ilustrar lo dicho, es necesario aclarar que Jacques Derrida, considerado el padre de la deconstrucción, concluye que bābel significa “Dios padre”.[8] Este método hermenéutico usa herramientas lingüísticas y filosóficas, es decir, estudia el hebreo a profundidad y también el desarrollo del pensamiento humano. Las presuposiciones que gobiernan este método pueden ser seis: 1) La relatividad del mal y del bien; 2) La inexistencia de Dios; 3) El fin del cristianismo actual; 4) La escritura ilumina y oculta; 5) La recusación al logocentrismo; y 6) La primacía del hombre en el universo.

Así, la deconstrucción ve a la Biblia como un koan, un texto con alto valor de literariedad y con sabiduría profunda. Un libro cuyas conclusiones no deben pretender superioridad sobre estudios hechos a documentos como el Corán, el Farmakon de Platón o Don Quijote de la Mancha. Un texto cuya interpretación está abierta a nuevas posibilidades interpretativas, que bien pueden diferir o contradecir las anteriores. Frente a tales presuposiciones, es difícil que un pastor adventista acepte el significado propuesto para bābel por Derrida. Pero otra afirmación menos evidente, como “la fe es un acto sin atestación”, podría no levantar escepticismo si no se conoce que viene como resultado de la misma metodología y presuposiciones desconstructivas.[9]

El peligro en las ciencias sociales aplicadas a la teología

Conclusiones ampliamente aceptadas por el cristianismo deberían ser evaluadas desde esta perspectiva. Afirmaciones como “las personas abandonan la iglesia por falta de buenos amigos”, “los jóvenes se van porque no existe un buen programa de retención” o “por falta del verdadero amor cristiano entre los creyentes” requieren una evaluación. Estas afirmaciones podrían ser verdad, pero lo que se debe evaluar es el método y las presuposiciones que están detrás de ellas.

El método es el aplicado en las ciencias sociales, conocido como empírico o científico; sus presuposiciones son ampliamente conocidas y están fundamentadas en la razón humana. Este mismo método ha llegado a afirmar que el género humano es tan solo una construcción social, y su nombre en el campo religioso podría ser Criticismo Científico Social. Por lo tanto, antes de tomar dichas afirmaciones o conclusiones como verdaderas, es importante evaluar la metodología y las presuposiciones que dieron lugar a esas conclusiones que tratan de explicar la apostasía desde un punto de vista social y no necesariamente bíblico.

Valoración hermenéutica: un deber pastoral

Tres principios fundamentales para el pastor adventista

Frente a esta compleja realidad hermenéutica, el pastor, teólogo y exégeta adventista debería ser consciente de tres cuestiones fundamentales:

  1. No toda propuesta y conclusión a la que llega un trabajo de investigación, por muy bíblico que este parezca, debe ser asimilada sin una previa evaluación de los métodos y presuposiciones sobre los cuales fue construida.
  2. Es necesario conocer, en lo posible a profundidad, los métodos que se usan para hacer un determinado estudio bíblico o religioso.
  3. Antes de usar un determinado método en el quehacer bíblico y religioso, se debe conocer bien y ser consciente de las presuposiciones que lo acompañan.

La autoeducación hermenéutica como deber pastoral

Es imposible en un documento de esta extensión evaluar más conclusiones junto a los métodos y las presuposiciones que los produjeron. Sin embargo, es evidente que uno de los mayores peligros que todo estudioso de la Biblia corre es asimilar conclusiones atractivas, socialmente aceptadas, pero no bíblicas. Por eso, cada vez que se lee un libro, se ve un video, o se participa en un evento bíblico o religioso, es necesario recordar que cada conclusión o propuesta se origina en alguna metodología y que esta se fundamenta sobre una serie de presuposiciones.

Conscientes de esta realidad y de que en los estudios bíblico-religiosos la metodología es pletórica, el pastor adventista tiene que autoeducarse para ser capaz de juzgar las metodologías y presuposiciones que acompañan las propuestas hechas por cualquier persona. Ser capaz de juzgar las metodologías y presuposiciones usadas en los estudios bíblicos y religiosos no es una opción, sino el deber de quien se dedica a cuidar del pueblo de Dios, así como a estudiar y exponer el mensaje de la Biblia.

Hasel, en una de sus más recientes publicaciones sobre la problemática que enfrenta la Iglesia Adventista en el quehacer hermenéutico, afirma que “académicos, teólogos, pastores y miembros adventistas, deben estar al tanto de los nuevos enfoques hermenéuticos y conocer las presuposiciones en las que se basan para que podamos comprender sus puntos fuertes y sus deficiencias.”[10] Aunque este documento no pretende profundizar en el estudio de todos los métodos y acercamientos hermenéuticos que tratan de incursionar en el adventismo, sí advierte que, de forma consciente o inconsciente, esta vasta variedad está presente en su seno. Debido a ello, incluso lo anunciado, publicado o promocionado por autores adventistas a través de distintos medios físicos o electrónicos, debe ser evaluado a la luz de la Biblia. No se debe olvidar que no es exagerado decir, parafraseando a Campillo, que el futuro del adventismo se encuentra estrechamente ligado a su hermenéutica,[11] es decir, a la interpretación correcta de su desarrollo, obras, documentos históricos y principalmente de la Biblia.

Desafíos en la hermenéutica adventista

El distanciamiento de las presuposiciones bíblicas

El gran desafío para el adventismo es realizar su tarea hermenéutica con éxito y en conformidad a la voluntad de Dios. Para cumplir este desafío, el mayor problema que enfrenta el adventismo se encuentra en el distanciamiento que algunos de sus integrantes han hecho de las presuposiciones de la fe provistas por la revelación escrita, para adoptar métodos y presuposiciones críticas, científicas, evolucionistas, sociales, políticas o similares. Esto ha conducido a un pluralismo teológico[12] y al cuestionamiento de las creencias adventistas, obra que debería ser el quehacer de los críticos externos, pero que lamentablemente es la ocupación de una crítica interna más recalcitrante que la externa. Esto evidencia que el adventismo no solo enfrenta al Método Histórico Crítico y sus presuposiciones, sino a una plétora de novedosos métodos hermenéuticos[13] que están ingresando en su seno casi imperceptiblemente.

La revelación e inspiración como eje hermenéutico

Otro problema directamente relacionado con la hermenéutica adventista gira en torno a la comprensión que se tiene de la revelación e inspiración, tema que también divide al adventismo en varios sectores y que es determinante para la interpretación bíblica.[14]

Aunque la hermenéutica adventista ha enfrentado desafíos en cada período de su historia, durante los últimos años esto se ha intensificado. Lecturas ecuménicas, cristológicas, canónicas, retóricas, posmodernas o subjetivas representan un gran desafío para el quehacer hermenéutico adventista.[15] Todo lo mencionado hasta aquí saca a la luz otro problema que enfrenta la hermenéutica adventista, a saber, que es un quehacer en plural, pues son diversas las formas como el adventista cree poder acercarse al texto bíblico,[16] y las consecuencias de este accionar no se vislumbran positivas.

El crecimiento de la iglesia como factor hermenéutico

El crecimiento de la Iglesia también se ha convertido en un desafío y un peligro para la hermenéutica adventista,[17] pues el ingreso masivo, poco adoctrinado y de personas con formación universitaria secular, produce un ingreso de diversas metodologías hermenéuticas que con el tiempo son puestas en práctica.[18]

Propuesta hermenéutica adventista

Soluciones propuestas y sus limitaciones

Las soluciones que se han propuesto en el adventismo frente a esta problemática hermenéutica, a diferencia de otros sectores cristianos, no giran en torno a la creación de un método ni a la estandarización de los estudios bíblicos. El único que menciona algo que podría entenderse de esa manera es Rodríguez, pues afirma que cuando la polarización es extrema, la solución pasa a ser un asunto administrativo.[19] La academia adventista, en su mayoría, aunque ve un peligro en su quehacer hermenéutico, no deja de ver en la variedad de propuestas para interpretar la Biblia una oportunidad.[20]

Por otro lado, el llamado a tomar a la Biblia como el libro que ella reclama ser —la Palabra de Dios—[21] es un permanente quehacer que espera ayudar al problema hermenéutico que el adventismo enfrenta. Hasel, en su más reciente publicación, recuerda que la Biblia no debe ser sometida a la norma de la razón humana, ni menos a la crítica, pues esto podría producir otro adventismo.[22] Lo cierto es que para el adventismo parece no existir un método perfecto de interpretación bíblica, pero sí métodos mejores y más respetuosos que, bien usados, conducen a un mejor entendimiento del texto bíblico.[23] Por lo tanto, la evaluación de estos métodos —los más respetuosos del texto bíblico— así como de las herramientas hermenéuticas que ellos proporcionan, es actualmente una tarea obligatoria e imperiosa que se debe llevar a cabo. Solo así, la Iglesia Adventista del Séptimo Día podrá transitar en este nuevo siglo con la seguridad de que su comprensión —interpretación— de la Biblia no está guiada —fundamentada— por la filosofía del momento.

Características del método interpretativo adventista

El adventismo, debido a su particular visión de la Biblia y el accionar de Dios en el mundo, solo puede valorar un método o estrategia interpretativa que considere o incluya diversos factores. Este método debe valorar la comunidad, pero debe aceptar que la persona inspirada es quien habla a la comunidad y no la comunidad “inspirada” la que habla al individuo. También debe reconocer a la Biblia y los escritos de Ellen G. White como el objeto de la inspiración divina. Además, debe considerar el contexto del lector, pero no hacer del lector el factor hermenéutico decisivo cuando se tiene que interpretar la Biblia.

Igualmente debe considerar el contexto literario del texto, su retórica, su gramática, su veracidad histórica, su contexto histórico, su condición canónica y su autoría divino-humana. Por otro lado, esta metodología también debe alentar una lectura bíblica cimentada en la fe, con la firme convicción de que es posible conocer el significado que el texto tuvo para el autor y sus primeros lectores. Al mismo tiempo, esta metodología debe aceptar que Dios se comunica de forma proposicional, que interviene en la historia produciendo eventos naturales y sobrenaturales.

Además, deberá considerar sus temas centrales en relación armoniosa y colaborativa, sin hacer de uno de ellos el juez hermenéutico sobre lo demás; así deberá promover una lectura sinfónica y no monofónica de la Biblia. Esta metodología debe tomar a la Biblia como un todo y a Cristo como su personaje central, mientras evita hacer una crítica cristológica a la Biblia, para evitar crear un canon dentro del canon. Asimismo, esta metodología debe promover una lectura intrabíblica, una que compare un texto con otro dentro del canon y que, al hacer esto o cualquier otra cosa, lo haga con discernimiento, prudencia e imparcialidad.

Finalmente, este método —inexistente en su forma completa y perfecta por ahora— debe recordar que la Biblia no existe para satisfacer curiosidades intelectuales, que no fue dada para especialistas, que comunica la obra y voluntad de Dios, que transforma al ser humano, y que su comprensión es una obra sobrenatural y no el resultado del esfuerzo humano.[24] Debido a ello, se propone aquí que la práctica interpretativa correcta del texto bíblico, o el método tan buscado, podría depender más de un patrón de vida espirálico y no tanto de una metodología específica.

Descripción del espiral hermenéutico adventista

Figura: Patrón hermenéutico pastoral adventista

Este patrón tiene a Dios como maestro y a la Biblia como el libro de texto. La lectura de la Biblia —escuchar la Palabra de Dios— es el primer gran paso y viene por iniciativa de Dios; Dios nos da el texto bíblico inspirado para ser leído. El segundo paso —cuadrante—, llamado estudio, es en el que se emplean diversos métodos hermenéuticos, tan simples como el estudio sistemático de la lección de escuela sabática o tan complejos como la aplicación de principios semióticos, retóricos o intertextuales al texto bíblico. Este es el cuadrante en el que existe fuerte participación humana y que incluso, en el peor de los casos, elimina la participación divina por completo, realidad ampliamente atestiguada en la academia bíblica mundial.

El siguiente cuadrante —cuadrante 3— es el de la comprensión; ella —la comprensión— depende de Dios en su totalidad.[25] Es decir, si el estudioso de la Biblia elimina a Dios en el proceso de su estudio, este nunca podrá comprender el texto bíblico en su intención original. En este cuadrante, la obra del Espíritu Santo se hace indispensable y con ello la consagración del estudiante de la Biblia. En el siguiente cuadrante —cuadrante 4—, prima nuevamente la acción humana, pues allí se enseña y practica lo comprendido, y para que esto se haga realidad, la voluntad humana debe ser usada. Aquí es necesario aclarar que, si no se transita por este cuadrante, es decir, si no se practica y enseña lo aprendido de Dios, no hay posibilidad de mayor desarrollo. Lo que ocurre es que el maestro divino no pasa a la segunda lección sin que el estudiante esté viviendo y enseñando la primera lección. Este cuadrante es la llave que abre o cierra la comprensión a mayores verdades que Dios quiere revelar al ser humano.

Por lo tanto, aunque los métodos pueden ayudar a la comprensión del texto bíblico, en realidad una interpretación correcta del texto no está ligada a lo sofisticado del método, sino a la intervención divina y a la voluntad humana de someterse a Dios en todo este proceso.

Conclusión

La tarea hermenéutica es imposible, desafiante y poco alentadora si se realiza sin la presencia del gran autor del texto bíblico. Su presencia lo cambia todo, pues:

“A medida que estudiemos la Palabra de Dios [bajo su guía], nuestras mentes serán agudizadas, y ampliada nuestra comprensión. Los que estudian y asimilan esta Palabra, haciéndola parte de todo su accionar y atributo de carácter, se fortalecen en el poder de Dios. Esto da vigor al alma, haciendo perfecta la experiencia [hermenéutica], y trayendo un gozo que permanece para siempre.”[26]

El adventismo puede avanzar con confianza, con clara conciencia de que el desafío hermenéutico que hoy enfrenta es solo una motivación para depender más de quien transforma los desafíos en victorias. La correcta interpretación de la Biblia no es, en última instancia, el resultado de la pericia académica ni de la sofisticación metodológica, sino del sometimiento humilde y obediente al Espíritu Santo, quien guía a toda verdad (Juan 16:13) y quien inspiró las mismas Escrituras que hoy se estudian (2 Tim 3:16-17).

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[1] Justo L. González, Historia del pensamiento cristiano (Barcelona: Editorial Clie, 2010), 41-968.

[2] Kathryn Greene-McCreight, “Interpretation, History of,” in Dictionary for Theological Interpretation of the Bible, ed. Kevin J. Vanhoozer et al.(London; Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2005), 331.

[3] William Klein, Craig Blomberg y Robert Hubbard, Introduction to Biblical Interpretation (Nashville: Thomas Nelson, 2004), 21-28.

[4] Brown Colin, Christianity & Western Thought (Nashville, Tennessee: Broadman & Holman Publishers, 1990), 19-336.

[5] Friedrich Schleiermacher es considerado el padre de la hermenéutica moderna. Su obra, Hermeneutics and Criticism (Cambridge: Cambridge University Press, 1998), publicada por primera vez luego de su muerte en 1838, sentó las bases del método histórico-crítico.

[6] Powell hace referencia a: 1) El criticismo textual; 2) Aproximación arqueológica; 3) Criticismo científico social; 4) Criticismo histórico; 5) Criticismo de las fuentes; 6) Criticismo de las formas; 7) Criticismo de la redacción; 8) Criticismo narrativo; 9) Criticismo retórico; 10) Estética de la recepción; 11) Criticismo ideológico; 12) Aproximación desconstructiva. Mark Allan Powell, “How Do Biblical Scholars Study the New Testament?”, Bible Odyssey, https://www.bibleodyssey.org:443/en/tools/bible-basics/how-do-biblical-scholars-study-the-new-testament, consultado: 3 Mayo 2021. Véase también, Mark Allan Powell, Introducing the New Testament: A Historical, Literary, and Theological Survey (Grand Rapids: Baker Academic, 2009), 1-20.

[7] Se puede comprobar esto comparando el texto de la NKJV con la NIV en inglés o de la RV60 con la RV1909 en español.

[8] Jacques Derrida, “Des Tours de Babel,” en Difference in Translation, ed. Joseph F. Graham (Ithaca: Cornell University Press, 1985), 165-207.

[9] Benjamin Rojas Yauri, “Presuposiciones del acercamiento desconstruccionista derridiano y su influencia en la aproximación al texto bíblico”, Tesis de Maestría, Universidad Peruana Unión, 2012.

[10] Frank M. Hasel, “Recent Trends in Methods of Biblical Interpretation” en Biblical Hermeneutics (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2020), 461.

[11] Rosa María Lince Campillo, Hermenéutica: arte y ciencia de la interpretación (México DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2009), 19.

[12] Kenneth Wood, “The Mother of us All: Mainstream Adventist”, Adventist Today 2:1 (1994) 4-5.

[13] Gerhard Hasel, La interpretación de la Biblia (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1986), 92.

[14] Fernando Canale, “Revelación e inspiración”, en Entender las Sagradas Escrituras: El enfoque adventista, ed. George W. Reid, Clásicos del adventismo (Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 2009), 87.

[15] Alberto R. Timm, “Las Escrituras y la experiencia”, Ministerio Adventista, septiembre-octubre 2009, 31.

[16] Richard M. Davidson, “Interpretación bíblica”, en Tratado de teología Adventista del Séptimo Día, ed. Aldo D. Orrego (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 108.

[17] Samuel Koranteng-Pipim, Recibiendo la palabra: ¿cómo afectan a nuestra fe los nuevos enfoques bíblicos?, trad. David P. Gullón (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1997), 18-19.

[18] Ángel Manuel Rodríguez, “Polarización teológica: causas y tendencias”, Ministerio adventista, septiembre-octubre 2011, 13-19.

[19] Ibíd., 19.

[20] Norman R. Gulley, Cristo viene: Un enfoque cristocéntrico de los eventos de los últimos días, trad. David P. Gullón (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2003), 39.

[21] Davidson, 73-75.

[22] Hasel, “Recent Trends in Methods of Biblical Interpretation”, 425.

[23] S. Teófilo Correa, “Intertextualidad y exégesis intrabíblica: ¿dos caras de la misma moneda? Breve análisis de las presuposiciones metodológicas”, DavarLogos 5:1 (2006) 2, 11.

[24] Ellen G. White publicó 21 artículos en 1906 en Signs of the Times; mucho de lo dicho aquí surge de la meditación en esos documentos, pero también en otras publicaciones adventistas ya citadas en este trabajo.

[25] Ellen G. White en el artículo publicado el 4 de abril de 1906 en Signs of the Times afirma que, en el caso de los discípulos, fue el Gran Maestro resucitado quien abrió el entendimiento, produciendo así la comprensión de aquello que hubiese sido de otra forma incomprensible para ellos.

[26] Ellen G. White, “The Incarnate Word,” Signs of the Times, 4 de abril de 1906, 8.