“Dijo, pues, Dios a Noé: —He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos, y yo los destruiré con la tierra.”
Génesis 6:13.
1. Introducción
La violencia en el noviazgo constituye un problema de salud pública de creciente preocupación en América Latina y el Perú. Según la ENDES 2023, el 53,8 % de las mujeres peruanas declararon haber sido víctimas de violencia psicológica, física o sexual alguna vez por parte de su esposo o compañero, siendo la violencia psicológica o verbal la más frecuente (49,3 %), seguida por la violencia física (27,2 %) y la violencia sexual (6,5 %).[1]
La ENARES 2024, por su parte, reveló información a nivel departamental, evidenciando que la violencia no es un comportamiento uniforme, que depende de factores económicos, culturales, sociales, religiosos y hasta familiares. En el informe, principales resultados de la ENARES 2024, se afirma,
A nivel nacional, el 34,1% de mujeres de 18 años a más experimentaron violencia interparental durante su niñez (violencia psicológica, física o sexual ejercida en la madre o la mujer que la criaba, por la pareja o expareja)… Observando el mapa temático, se identificaron tres departamentos de la sierra sur (Apurímac, Cusco y Puno), que presentaron prevalencias más altas (50,0% a 60,2%) de experiencia en violencia interparental. En contraste, los departamentos de Lambayeque, La Libertad, Piura, Cajamarca e Ica, presentan prevalencias mucho más bajas (17,5% a 27,2%).[2]
Estos datos subrayan la urgencia de abordar el problema desde sus raíces, especialmente en la etapa del noviazgo, que es “una etapa clave para comprender cómo se va gestando la relación desigualitaria en la pareja”.[3]
Investigaciones recientes confirman esta relación. Un estudio realizado con 250 jóvenes universitarios de Trujillo (2023) encontró una correlación significativa entre los celos y la violencia en el noviazgo (Rho = 0,275; p = 0,000), señalando que a mayor intensidad de celos, mayor es la probabilidad de conductas violentas en la pareja.[4] Asimismo, Hernández junto a otros investigadores hallaron correlaciones positivas y significativas entre la victimización, la perpetración de violencia en el noviazgo y la dependencia emocional en jóvenes universitarios mexicanos.[5]
Antes de abordar el tema en sí, es importante realizar algunas aclaraciones introductorias. Primero, hablar de la violencia en el noviazgo es fundamental porque esta etapa es clave para comprender cómo se gesta una relación violenta en la pareja. Segundo, toda persona violenta que esté relativamente sana psicológicamente no es feliz por ser violenta. Tercero, aunque la violencia masculina es la más documentada, es necesario eliminar el mito de que la violencia es una característica exclusiva de los varones, pues las investigaciones actuales muestran que la violencia bidireccional es más frecuente de lo que se reconocía anteriormente. Cuarto, desde la perspectiva bíblica adventista, la violencia coexiste con el pecado, originado por Satanás, quien dio origen al mal y con ello a la violencia.[6] Y quinto, siempre ha habido quienes superaron la violencia y la reemplazaron por la paz, el shalôm bíblico.[7]
2. Características de una persona violenta
Si bien los genes y la herencia influyen en el carácter —como lo señala White al afirmar que los padres “transmiten su propia perversidad de carácter como una herencia a sus descendientes”[8]—, las personas violentas no nacen violentas, sino que se convierten en violentas a través de procesos sociales, familiares y emocionales. Para una prevención efectiva, es importante identificar a tiempo estas características, con el objetivo de proporcionar ayuda especializada. Hay quienes han elaborado cuestionarios extensos con este propósito,[9] pero como es un tema humano, se debe reconocer que no es fácil de anticipar.
Las características de una persona violenta aquí se clasificarán bajo seis categorías.[10] La presencia de una sola característica no convierte a una persona en un peligro inminente; es la combinación de varias de ellas la que debe activar el sistema de alerta.
2.1 Características referenciales
Son aquellas en las que el joven no ha tenido participación voluntaria y deben buscarse en su entorno social:
- Antecedentes violentos: El hogar donde se crió era violento; creció viendo roles rígidos de género.
- Ausencia de afecto emocional: En su infancia no recibió afecto emocional por parte de sus padres o cuidadores.
- Motivación a la violencia: Fue motivado por quienes lo rodearon a tener comportamientos violentos para defenderse o mostrar su valor.
- Marginalidad: Creció rodeado por un ambiente hostil —pandillaje, sicariato, discriminación, delincuencia, pobreza extrema, etc.—, aunque este factor no es determinante por sí solo.[11]
2.2 Características emocionales
Son aquellas en las que la persona tiene una participación activa; por lo tanto, deben ser buscadas en la personalidad del joven. Demuestran que existen dificultades para manejar las emociones.
- Falta de control emocional: Incapacidad para regular la ira, tristeza, depresión y frustraciones. Reacciona de manera impulsiva, exagerada o desproporcionada, y manifiesta sentimientos persistentes de tristeza, frustración o depresión.
- Falta de empatía: Dificultad para comprender el estado emocional de otros y ponerse en su lugar; actúa sin considerar el impacto de sus acciones, favoreciendo conductas egoístas, manipuladoras o agresivas.
- Insensibilidad emocional: Crueldad o respuesta afectiva reducida ante el dolor ajeno, con conductas frías e indiferentes y ausencia de culpa o remordimiento.
- Actitudes temerarias: Ausencia de temor ante las consecuencias. Asume riesgos innecesarios por impulsividad, búsqueda de emociones intensas y percepción distorsionada del peligro, pudiendo incurrir en conductas peligrosas, delictivas, consumo de sustancias o actos violentos.
2.3 Características sociales
Son aquellas que pueden ser observadas en la forma en la que la persona interactúa con la sociedad que lo rodea.
- Aislamiento progresivo: Su vida social es solitaria, pues evita el contacto con otros, participa poco en actividades sociales presenciales y presenta dificultades para mantener relaciones saludables.
- Rechazo de normas sociales: Se identifica con subculturas,[12] es decir, se vincula o simpatiza con grupos cuyos valores y conductas se oponen a las normas aceptadas por la sociedad, favoreciendo comportamientos antisociales o delictivos.
- Ambición de poder: Busca tener el control y manifiesta un deseo constante de dominar, influir o ejercer autoridad sobre los demás, recurriendo, en ocasiones, a la manipulación, la intimidación o la coerción para alcanzar sus objetivos.
2.4 Características cognitivas
Son aquellas que pueden ser observadas en la capacidad intelectual de la persona y del uso que se hace de esta capacidad en el quehacer académico.
- Desconfianza persistente: Interpreta las acciones de los demás como amenazas o intentos de perjudicarlo, manifestando pensamientos paranoides negativos, suspicacia y una percepción distorsionada de la realidad.
- Bajo rendimiento académico: Posee una capacidad intelectual superior al promedio, pero obtiene resultados académicos inferiores a su potencial por desinterés, problemas de conducta, falta de disciplina o escasa motivación.
- Rechazo al aprendizaje: Muestra poco interés por adquirir conocimientos, participar en las actividades académicas o aceptar la autoridad de docentes y educadores; favorece el ausentismo y el bajo compromiso escolar.
- Uso negativo del ingenio: Emplea sus capacidades creativas para manipular, engañar, intimidar o planificar conductas perjudiciales, orientando su ingenio hacia fines destructivos en lugar de constructivos.
2.5 Características comportamentales
Aunque las categorías anteriores también pueden considerarse conductuales, aquí se agrupan las conductas visibles y más fáciles de identificar, pues evidencian problemas de comportamiento.
- Conducta adictiva: Recurre al consumo de alcohol, tabaco, drogas u otras sustancias psicoactivas para experimentar placer, aliviar tensiones o evadir la realidad, incrementando el riesgo de dependencia y conductas perjudiciales.
- Negación del error: Presenta dificultad para reconocer sus faltas y asumir la responsabilidad por sus acciones, evitando pedir perdón o reparar el daño causado debido a la ausencia de autocrítica o remordimiento.
- Conducta vandálica: Daña, destruye o deteriora de forma intencional bienes propios o ajenos, manifestando escaso respeto por la propiedad, las normas de convivencia y el bienestar de la comunidad.
2.6 Características morales
Están relacionadas con la fe y la práctica religiosa. El mayor problema en esta categoría es la falta de conciencia moral: el joven no distingue entre el bien y el mal, no conoce lo que Dios desea para su creación o, si lo conoce, no lo pone en práctica.
- Incoherencia personal: Existe discrepancia entre lo que afirma creer o defender y la manera en que actúa, evidenciando falta de integridad, poca transparencia e incongruencia entre sus palabras y conducta.
- Relativización de la verdad: Verdad subjetiva. Considera que la verdad depende de las circunstancias o de la opinión personal, rechaza la existencia de una verdad absoluta, es decir, la autoridad de la Biblia como norma de fe y conducta.
- Desvinculación religiosa: No reconoce la existencia de Dios ni su intervención en la vida humana, mostrando desinterés por la dimensión espiritual y por las creencias religiosas.
- Ausencia de prácticas devocionales: Descuida la oración, la lectura de la Biblia y otras disciplinas espirituales propias de la fe cristiana, evidencia una relación limitada o inexistente con Dios y poco interés en compartir sus creencias con otros.
- Participación religiosa limitada: Muestra poco interés por involucrarse de manera constante en la vida de la iglesia, sus ministerios y actividades, reflejando un bajo nivel de compromiso con la comunidad de fe.
3. Causas de la violencia en el noviazgo
La violencia hace parte de este mundo de pecado, y aunque hoy puede ser definida como el resultado o consecuencia de otras emociones,[13] desde el punto de vista bíblico, la violencia tiene una sola fuente: Satanás. White escribe al respecto: “¡Oh, si la familia humana tan solo pudiera ver los resultados del pecado en la transgresión, violencia y crimen que existen en el mundo! ¡Si pudiera ver la transformación de los hombres de la imagen de Dios a la semejanza de Satanás!”[14]
Desde una perspectiva psicosocial, es posible identificar múltiples factores que contribuyen a la violencia en cualquier contexto. Sin embargo, como ya se dijo, la principal y única causa desde una perspectiva bíblica es la existencia del mal, pues ella trata de eliminar la imagen de un Dios de amor (1 Juan 4:8) en el ser humano y trata de reemplazarla por la imagen del padre de toda mentira, muerte y violencia (cf. Juan 8:44; Hebreos 2:14; 1 Pedro 5:8; 1 Juan 3:12). Este ser malévolo trabaja a través de diversos ámbitos de la vida humana para producir seres humanos violentos. Entre los principales se encuentran los siguientes:
- Ámbito social: La normalización de la violencia en la sociedad, los medios de comunicación, las redes sociales, los videojuegos y las plataformas digitales favorece su aceptación e imitación, especialmente entre los jóvenes, y contribuye a la desensibilización frente a sus efectos.
- Ámbito familiar: La ausencia de normas familiares claras y coherentes, donde los padres hacen una cosa y exigen otra; la desestructuración del núcleo familiar ocasionada por la ideología de género, los divorcios, el abandono, la muerte u otras circunstancias; la escasa supervisión parental, que lleva a los padres a desconocer las actividades, amistades o el paradero de sus hijos; y la presencia de modelos de violencia entre los miembros de la familia, especialmente entre los padres, constituyen factores que generan confusión respecto a los límites aceptables de conducta, dificultan el desarrollo emocional y moral de los integrantes, incrementan la exposición a influencias negativas y favorecen el aprendizaje y la reproducción de conductas violentas.
- Ámbito personal: La baja autoestima, que puede llevar a la persona a reaccionar con agresividad o violencia en un intento de obtener reconocimiento, aceptación o poder; los traumas, duelos no resueltos y otras heridas emocionales que, al no recibir atención adecuada, favorecen respuestas impulsivas y comportamientos violentos; y la dependencia emocional, que incrementa la vulnerabilidad a la violencia en las relaciones interpersonales, constituyen factores personales y afectivos que favorecen la aparición y el mantenimiento de conductas violentas.
Como ya se dijo, la violencia, aunque puede tener su raíz en uno de estos ámbitos de la vida humana, normalmente no es causada por un solo factor, sino por la combinación de varios de ellos. Sin embargo, la causa más importante de la violencia en el noviazgo es la elección defectuosa de pareja. Clark Warren, en su libro Cómo hallar el amor de tu vida, advierte que “las características de la personalidad como las mencionadas rara vez desaparecen”.[15] Por lo tanto, una elección sin consejería, sin la compañía de los padres o personas de más experiencia, puede hacer que cualquier joven o señorita inicie una relación violenta.
4. Tipos de violencia en el noviazgo
La violencia en el noviazgo se presenta de distintas formas. La literatura especializada distingue principalmente cuatro tipos: violencia psicológica, sexual, física y económica. Según la ENARES 2024, el 14,1 % de las mujeres adultas ha sido víctima de violencia psicológica por parte de su pareja o expareja en los últimos doce meses, siendo las formas más comunes ignorarlas para hacerlas sentir mal, insultarlas en público, celarlas o vigilarlas.[16] Por su parte, Chico Robles en su libro Lo que usted debe saber antes de dar el sí, presenta algunos datos alarmantes sobre violencia familiar en el Perú y una lista detallada de las formas en las que ella se manifiesta.[17] A continuación, y en base a lo ya mencionado, se presentan conductas que evidencian algún tipo de violencia en el noviazgo:
4.1 Violencia psicológica
- Revisar la correspondencia física o electrónica de la pareja sin autorización.
- Hacer todo lo posible para alejar a la pareja de sus amistades, llegando a prohibirle el contacto con ellas.
- Absorber todo el tiempo y la energía de la pareja, generando aislamiento progresivo.
- Insultar o lanzar improperios contra la pareja.
- Manifestar celos intensos y conductas de vigilancia y control.
- Manipular con mentiras, chantajes o mecanismos de presión psicológica.
- Motivar la práctica de conductas de riesgo.
4.2 Violencia sexual
La violencia sexual en el noviazgo es la forma de comportamiento violento más común en las parejas jóvenes. Puede ser experimentada por adolescentes, jóvenes y adultos. Es importante comprender que la violencia sexual no se limita a la coerción física; abarca un espectro amplio de conductas que vulneran la integridad y la dignidad de la persona. Algunos estudios han revelado que las mujeres que iniciaron sus relaciones amorosas a más temprana edad presentan mayor vulnerabilidad a la violencia en el noviazgo y en el matrimonio.[18] La violencia sexual en el noviazgo puede tomar varios matices y grados; algunos ejemplos son:
- Exponer a la pareja, sin importar la edad de cualquiera de los dos, a películas, videos o contenido digital con escenas de pornografía o de carácter sexual explícito como una forma de estimular la intimidad o ejercer presión.
- Hablar sobre contenido o experiencias sexuales sin considerar la madurez emocional de la pareja, el consentimiento mutuo, la privacidad del contexto y el momento oportuno para abordar esos temas.
- Besar o tocar las zonas íntimas de la pareja, aun cuando exista consentimiento, constituye una expresión de intimidad sexual que genera consecuencias emocionales, conflictos personales, sentimientos de culpa y rebaja los límites antes establecidos.
- Desvestir parcial o totalmente a la pareja con el propósito de observar o mostrar para despertar excitación sexual, aunque no exista una relación sexual, representa una conducta que sobrepasa los límites de la intimidad propios del noviazgo.
- Realizar prácticas de estimulación sexual mutua o individual, como la masturbación en presencia de la pareja o entre ambos, implica una actividad sexual erótica íntima que influirá significativamente en la moral y los valores de la persona.
- Practicar sexo oral o anal bajo la idea de que estas prácticas permiten conservar la virginidad es un concepto erróneo. Ambas constituyen conductas sexuales con implicaciones físicas, emocionales y relacionales que dañan la moral de la persona.
- Tomar, compartir o almacenar fotografías o videos de la pareja en ropa íntima, con poses sugestivas o en situaciones de connotación sexual implica un riesgo importante. Este tipo de material puede ser utilizado posteriormente para ejercer presión, chantaje, manipulación o difusión no consentida.
Esta lista podría ampliarse, pues la sociedad actual ha desvalorizado la sexualidad, reduciéndola a gustos o preferencias y perdiendo de vista su valor ontológico. Además, diversos estudios señalan que quienes inician relaciones amorosas y sexuales a edades más tempranas presentan mayor riesgo de experimentar distintos tipos de violencia.[19]
4.3 Violencia física
La violencia física es la más visible y una de las más estudiadas. Puede ir desde un pellizco hasta una agresión grave con consecuencias mortales. Ningún acto físico violento debe minimizarse. Si aparece en el noviazgo, la pareja debe buscar ayuda profesional de inmediato o terminar la relación.
4.4 Violencia económica
La ENARES 2024 reveló que el 28,6 % de las mujeres de 18 años a más en el Perú depende económicamente de su pareja o expareja para cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda o salud.[20] Esta dependencia económica es en sí misma una forma de violencia y un factor de riesgo que dificulta la salida de relaciones violentas.
En el noviazgo, la violencia económica aparece cuando una persona usa el dinero de su pareja para beneficio propio, aun cuando no existe un compromiso matrimonial que justifique compartir responsabilidades económicas. Esta práctica no debe normalizarse, pues revela abuso, manipulación y falta de respeto por la autonomía de la otra persona.
5. Consecuencias de la violencia en el noviazgo
Son muchas las consecuencias de la violencia, que van desde la formación de una cadena de generaciones violentas hasta graves daños en la salud mental y física de las víctimas. Sin duda alguna, una de las mayores consecuencias de la violencia en el noviazgo es la violencia en el matrimonio. Hay quienes afirman que, del 100% de mujeres casadas que son violentadas por sus parejas, el 13% lo sufrió por primera vez en el noviazgo.[21]
Datos de Chile, cuya realidad es bastante semejante a la del Perú, indican que el 70 % de los problemas de violencia doméstica se iniciaron en el noviazgo.[22] Esto reafirma que la violencia en el matrimonio se inicia con la violencia en el noviazgo, siempre en menor grado o casi de forma imperceptible durante esta primera etapa de la relación. Las consecuencias de la violencia pueden ser vistas en distintas áreas de la vida humana; por asuntos pedagógicos las dividiremos en nueve áreas.
5.1 Área espiritual
La violencia en el noviazgo afecta la dimensión espiritual de la persona. Existen sentimientos de abandono por parte de Dios, dificultad para confiar en su amor, pérdida de esperanza y cuestionamientos sobre el propósito de su vida. En algunos casos, el sufrimiento produce distanciamiento de la comunidad de fe o de las prácticas espirituales. No obstante, con acompañamiento pastoral y apoyo profesional es posible restaurar la confianza y encontrar esperanza.
5.2 Área física
Las consecuencias físicas pueden variar desde lesiones leves hasta daños permanentes. Entre ellas se encuentran golpes, hematomas, fracturas, lesiones internas, trastornos del sueño, dolores de cabeza persistentes, fatiga crónica y otras manifestaciones derivadas del estrés continuo. En situaciones extremas, la violencia puede ocasionar discapacidad permanente e incluso la muerte.
5.3 Área mental o intelectual
La violencia afecta el funcionamiento cognitivo. Es frecuente que la víctima presente dificultades para concentrarse, disminución del rendimiento académico, problemas de memoria, alteraciones en la toma de decisiones y pensamientos recurrentes relacionados con el abuso sufrido. También puede desarrollarse trastorno de estrés postraumático (TEPT), ansiedad generalizada o depresión.
5.4 Área emocional
Las secuelas emocionales suelen ser profundas y persistentes. La víctima puede experimentar miedo constante, inseguridad, baja autoestima, sentimientos de culpa, vergüenza, desesperanza, ansiedad y depresión. Asimismo, es común desarrollar una fuerte desconfianza hacia futuras parejas y, en algunos casos, una dependencia emocional respecto del agresor, lo que dificulta poner fin a la relación.
5.5 Área social y familiar
La violencia deteriora las relaciones con familiares y amigos, favorece el aislamiento y limita la participación social. Cuando la relación violenta continúa hasta el matrimonio, aumenta significativamente el riesgo de violencia conyugal y de crear un ambiente familiar conflictivo. Además, la exposición continua a estas conductas favorece la transmisión intergeneracional de la violencia, incrementando la probabilidad de que los hijos reproduzcan estos patrones en sus futuras relaciones.
5.6 Área afectiva y sexual
La violencia altera profundamente la manera de vivir el afecto y la intimidad. Muchas víctimas desarrollan temor al compromiso, dificultad para confiar en futuras parejas, rechazo a las expresiones de cariño o, por el contrario, dependencia afectiva. Cuando existe violencia sexual, pueden aparecer sentimientos de humillación, culpa, ansiedad frente a la intimidad y dificultades para establecer relaciones afectivas saludables.
5.7 Área vocacional y profesional
Las consecuencias de la violencia suelen reflejarse en el desempeño laboral. La disminución de la concentración, el estrés constante y el deterioro emocional afectan el rendimiento, aumentan el ausentismo y reducen las oportunidades de desarrollo profesional. En algunos casos, la víctima renuncia a proyectos personales debido al control ejercido por el agresor.
5.8 Área económica o financiera
La violencia también puede producir consecuencias económicas. Falta de motivación para una administración correcta del recurso económico, pues enfrentan gastos no planificados y derivados del abuso. Cuando la violencia incluye control financiero, la persona puede perder independencia económica, abandonar su empleo o depender completamente del agresor, dificultando aún más la salida de la relación.
5.9 Área recreativa y de descanso
El miedo, la ansiedad y el control ejercido por la pareja limitan la capacidad para disfrutar del tiempo libre. Es frecuente que la víctima deje de participar en actividades recreativas, deportivas, culturales o sociales que antes le resultaban gratificantes. Asimismo, el estrés constante puede provocar insomnio, alteraciones del descanso y una disminución general de la calidad de vida.
6. ¿Qué hacer frente a la violencia en el noviazgo?
Frente a la violencia en el noviazgo, es posible actuar desde múltiples frentes: la prevención, la intervención profesional y la transformación espiritual. Antes de presentar algunas orientaciones, conviene recordar que huir no siempre es la mejor respuesta. Aunque en el noviazgo resulta más fácil terminar la relación, también es posible actuar cristianamente, buscar la ayuda adecuada y procurar una solución que bendiga a ambos. White, al abordar un caso de violencia doméstica, escribió: “Ud. se ha sentido aterrorizado por la violencia de su esposa, pero debe seguir la senda de la rectitud y la verdad, la justicia y la sabiduría, siempre en el temor de Dios. Satanás ya se regocija por su éxito”.[23] Por otro lado, también es necesario recordar que ella afirma:
Antes de dar su mano en matrimonio, toda mujer [o varón] debe averiguar si aquel con quien está por unir su destino es digno. ¿Cuál ha sido su pasado? ¿Es pura su vida? ¿Es el amor que expresa de carácter noble y elevado o es un simple enamoramiento emotivo? ¿Tiene rasgos de carácter que la harán feliz a ella? ¿Podrá encontrar verdadera paz y gozo en su afecto? ¿Se le permitirá preservar su individualidad, o deberá someter su juicio y conciencia al dominio de su marido? Como discípula de Cristo, no se pertenece; ha sido comprada por precio. ¿Puede ella honrar los requerimientos del Salvador como supremos? ¿Conservará su alma y su cuerpo, sus pensamientos y propósitos puros y santos? Estas preguntas tienen una relación vital con el bienestar de cada mujer [o varón] que contrae matrimonio.[24]
Por ello, el consejo más prudente para un novio o una novia que identifica señales de violencia es detener la relación antes de avanzar hacia el matrimonio. Si la violencia llega al matrimonio, el divorcio no siempre resuelve el problema; en algunos casos solo alivia temporalmente la situación o incluso puede agravarla. A continuación se presentan orientaciones prácticas frente a la violencia en el noviazgo:
- Prevención desde la elección de pareja: Lo primero y más importante, ya se dijo, es evitar unirte con alguien que en el noviazgo manifieste actitudes violentas. Estas actitudes, aunque puedan parecer casi imperceptibles e insignificantes, se acentuarán en el matrimonio.
- Buscar ayuda profesional: Si identificas señales de violencia en tu relación, busca ayuda inmediata. Cuéntaselo a alguien en quien confíes o a un profesional calificado.
- Intervención espiritual: Desde la perspectiva bíblica, la violencia es originada por un ser superior, Satanás; por lo tanto, nunca podrá ser solucionada únicamente por seres humanos. El verdadero cambio solo puede venir por la intervención de Dios. Mientras no exista una verdadera conversión y Dios no obre en la vida del violento una recreación, este no habrá cambiado.
- Si eres el victimario: Recuerda que, aunque tu condición tenga una razón de ser en tu historia personal, tu problema es también espiritual. White escribe: “A medida que los hombres se alejaban de Dios, los atributos divinos: la justicia, la pureza y el amor, fueron reemplazados por la opresión, la violencia y la brutalidad”.[25] Tu única esperanza está en “volverte en amistad con Él” (Job 22:21).
- Educación emocional y prevención: Educarte e informarte sobre este tema es muy importante; la investigación contemporánea destaca la importancia de las intervenciones educativas dirigidas a jóvenes universitarios para prevenir la violencia en el noviazgo.[26] Estas intervenciones incluyen el aprendizaje sobre qué es la violencia, cómo se manifiesta, cuáles son sus señales y cuáles son sus implicaciones.
Aunque toda acción preventiva será valiosa, no debemos olvidar que vivimos en un mundo afectado por el pecado, donde la violencia seguirá aumentando y más personas sufrirán sus consecuencias. Esta no es una visión pesimista del futuro, sino una lectura realista a la luz de la Biblia. Al respecto, Ellen G. White afirma:
“A causa de sus frecuentes triunfos, Satanás se está tornando más atrevido y desafiante en su rebelión contra Dios… La perversidad y la crueldad de ellos llegarán a tal grado que Dios se revelará en toda su majestad. Muy pronto la maldad del mundo habrá llegado a su límite, y como en los días de Noé, Dios derramará sus juicios.”[27]
Por tanto, para evitar una vida marcada por la violencia o la opresión, es necesario depender de Dios, quien pronto establecerá su reino de paz y amor.
8. Conclusión
La violencia en el noviazgo es un problema real, creciente y multidimensional que afecta a millones de jóvenes en el Perú, América Latina y el mundo. Los datos de la ENDES 2023 y la ENARES 2024 confirman que la violencia psicológica, física y sexual sigue siendo prevalente, y que sus raíces frecuentemente se encuentran en las relaciones de noviazgo.
La investigación académica reciente subraya la relación entre los celos, la dependencia emocional y la violencia en el noviazgo, lo que demanda intervenciones educativas y terapéuticas integrales. Desde la perspectiva teológica adventista, la esperanza de una liberación plena de la violencia está únicamente en Dios, quien no solo obrará en el futuro, sino que desea obrar hoy por medio del Espíritu Santo, transformando la violencia en paz y amor.
La violencia muy pronto llegará a su fin. Mientras tanto, la responsabilidad de cada joven es identificar las señales de alerta, buscar ayuda oportuna y construir relaciones basadas en el respeto, la igualdad y el amor genuino. Como dice la Escritura: “¡He aquí ahora el tiempo aceptable! ¡He aquí ahora el día de salvación!” (2 Corintios 6:2).
______________________
[1] Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Encuesta Demográfica y de Salud Familiar – ENDES (Lima: INEI, 2023), 254.
[2] Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales – ENARES (Lima: INEI, 2024), 37
[3] Martha Alida Ramírez Solórzano, Hombres violentos: un estudio antropológico de la violencia masculina (Guadalajara: Instituto Jalisciense de las Mujeres, 2003), 121.
[4] Diana Lisset Gonzales Suarez y Magna Xiomara Nureña Morales, Violencia en las relaciones de noviazgo y celos en jóvenes universitarios, Trujillo 2023 (Tesis de maestría, Universidad Católica de Trujillo, 2025), 26.
[5] Ana Cecilia Hernández Arteaga, Fabiola Peña Cárdenas, Benito Zamorano González, José Luis Rojas-Solís, Gloria Imelda Hernández Rodríguez y Víctor Parra Sierra, “Análisis de la violencia en el noviazgo y la dependencia emocional en jóvenes universitarios mexicanos,” Revista de Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de México 12, no. 34, fasc. 3 (2023): 48–72, https://revistapsicologia.uaemex.mx/article/view/22511.
[6] Las Sagradas Escrituras dicen. “Estalló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles para luchar contra el dragón; y luchó el dragón y sus ángeles, pero no prevaleció, ni fue hallado ya en el cielo lugar para ellos” (Apocalipsis 12:7-8). Esta traducción casi textual del griego hace notar que Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón, es decir, la violencia no fue originada por Miguel sino por el Dragón.
[7] Shalôm es la transliteración de la palabra hebrea, שָׁלוֹם, cuyo significado es “paz, integridad, bienestar, salud”, en estrecha relación con lo anterior se encuentra el significado de prosperidad y paz en el sentido de una relación próspera entre dos o más personas. W. E. Vine, “שָׁלוֹם,” en Vine diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo, ed. Colin Brown (Nashville, TN.: Editorial Caribe 1999).
[8] Elena G. White, Conducción del niño (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1991), 216.
[9] Consue Ruiz-Jarabo Quemada y Pilar Blanco Prieto, La violencia contra las mujeres: prevención y detección, cómo promover desde los servicios sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas (España: Díaz de Santos, 2004), 180-186.
[10] Bisquerra divide las categorías en cuatro, las emocionales, sociales, cognitivas y comportamentales. Rafael Bisquerra Alzina, Educación para la ciudadanía y convivencia, el enfoque de la educación emocional (Madrid: Wolters Kluwer España S.A., 2008), 114-116.
[11] Ulriksen, afirma que fácilmente se puede concluir que la pobreza, muchas veces entendida como marginalidad, está directamente relacionada con la violencia, pero ello no necesariamente es así pues son otros factores unidos a la pobreza los que alientan la violencia. Maren Ulriksen de Viñar, “Marginación y violencia en la escuela,” en Niños fuera de la ley: niños y adolescentes en Uruguay : exclusión social y construcción de subjetividades, ed. Mario Torres (Montevideo: Ediciones Trilce, 2005), 106. En el mismo material Mario Torres nos dirá “La agresividad y la violencia son productos complejos de la marginación económica, social y cultural y deben abordarse como otros síntomas de la descomposición social”. Ibid., 36.
[12] No toda subcultura es mala en si misma, se trata de grupos sociales que también han sido llamados de anticulturas, entre ellas se encuentran grupos conocidos bajo los siguientes nombres o siglas: EMO, Punk, Metaleros, Góticos, Skinheads, Neonazis, Hip-hop’eros, Skates, Bikers, etc. Para leer más al respecto, véase. Pere-Oriol Costa, José Manuel Pérez Tornero y Fabio Tropea, Tribus urbanas, el ansia de identidad juvenil : entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia (Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 1996), 59-126.
[13] El Diccionario de la Real Academia Española, coloca a la violencia como siendo parte de la Ira, además coloca como hermanas de la violencia e hijas de la ira a la venganza, enojo, indignación, pasión, furia, saña y encono. Diccionario de la lengua espanola: Real Academia Española, 22da ed. s.v. “ira”, “violencia”.
[14] Elena G. White, A fin de conocerle (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1991), 69.
[15] Neil Clark Warren, Cómo hallar el amor de tu vida: diez principios para escoger al conyuge adecuado, trad., Silvia B. Fernández (Miami, FL.: Editorial Unilit, 1994), 29.
[16] INEI, Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales – ENARES, 35.
[17]Según el Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual (PNCVFS) del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social del Perú: 1) Una de cada dos mujeres de 15 a 49 años de edad ha sufrido alguna vez violencia física por parte de su pareja, 2) Las relaciones extramatrimoniales son recurrentes en las parejas con problemas de violencia, 3) A mayor nivel de instrucción, menor violencia física y mayor violencia psicológica, 4) Las mujeres creen que la situación de violencia por parte de la pareja cambiará después del matrimonio o unión, 5) La mitad de las denuncias recibidas en los Centros de Emergencia de la Mujer (CEM), consignan que las mujeres han recibido amenazas de muerte por parte de su pareja. Citado en. Arnulfo Chico Robles, Lo que usted debe saber antes de dar el sí (Lima: Editorial Imprenta Unión, 2010), 40.
[18] Coll, Carolina V. N., Andrea Wendt, Thiago M. Santos, Amiya Bhatia y Aluisio J. D. Barros. “Cross-National Associations between Age at Marriage and Intimate Partner Violence among Young Women: An Analysis of Demographic and Health Surveys from 48 Countries.” International Journal of Environmental Research and Public Health 20, n.º 4 (2023): 3218. https://doi.org/10.3390/ijerph20043218.
[19] Robert B. Taylor, Medicina de familia: principios y práctica, trad., José Antonio Dominguez Delgado et al., 6ta ed. (Barcelona: Masson S.A., 2006), 288.
[20] INEI, Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales – ENARES, 38.
[21] MaríaTeresa Traverso, Violencia en la pareja: la cara oculta de la relación (Washington, D.C.: Banco Interamericano de Desarrollo, 2000), 27.
[22] Ibid., 14.
[23] Elena G. White, Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1991), 87.
[24] Ellen Gould White, Cartas a Jóvenes Enamorados, (Asociación Publicadora Interamericana, 1987), 86.
[25] Elena G. White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1991), 114.
[26] David Mora Vargas, Intervenciones para abordar la violencia en el noviazgo en estudiantes universitarios (Tesis de licenciatura: Universidad de Costa Rica, 2023)
[27] Elena G. White, Alza tus ojos (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1991), 332.

