Cristo viene pronto ¡Prepárate!

¿Pueden los seres humanos conocer el futuro?

Dios nunca quiso que los hombres y las mujeres estuviesen sin una certeza clara respecto al propósito de la vida. Especialmente durante las tensiones sin paralelo de los últimos días, nos aseguró que podíamos conocer la verdad sobre el futuro.

Herbert E. Douglass

 

Conocer el futuro ha sido y es una de las más grandes inquietudes del ser humano; los viajes al pasado y al futuro son el sueño transmitido por películas, novelas y toda suerte de medios en nuestra sociedad. Muchas desgracias podrían ser previstas, mucho dolor evitado, el éxito y la plena satisfacción podrían asegurarse si el ser humano tuviera acceso al futuro. La Biblia asegura que el ser humano es incapaz de acceder al futuro; Salomón dijo: “No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué dará de sí el día.” (Pro 27:1); “Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tus manos; pues no sabes qué es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.” (Ecl 11:6). Santiago 4:14 también afirma: “… no sabéis lo que será mañana. Pues, ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.” Aun el mismo Pablo, al despedirse de la iglesia de Éfeso, dijo: “Otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere” (Hch 18:21), también dijo “voy a Jerusalén sin saber lo que allá me ha de acontecer” (Hch 20:22). Daniel, por su parte, le dijo a Nabucodonosor: “El misterio que el rey demanda, ni sabios ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey” (Dan 2:27).

El ser humano es incapaz de conocer el futuro; no hay cartas, ni bolas mágicas, ni aún espíritus que puedan saber el mañana. El futuro es velado para todo lo creado; solo el creador es capaz de declarar lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no fue hecho (cf. Isa 46:10). Daniel así lo reconoció: “… hay un Dios en los cielos que revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los últimos días” (Dan 2:28). Pablo también dijo: “A dondequiera que voy, el Espíritu Santo me dice que en Jerusalén van a meterme a la cárcel, y que van a maltratarme mucho” (Hch 20:23 TLA). “Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave, pues esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, y me ha dicho: ‘Pablo, no temas; es necesario que comparescas ante César; además, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo’. Por tanto, tened buen ánimo, porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.” (Hch 27:22–25). Dios conoce el futuro y puede revelarlo a quien Él en su soberanía decida hacerlo, pero tal como se observa en Daniel, Pablo y otros escritores bíblicos, ello no responde a caprichos humanos o deseos personales, sino a grandes y muy específicos propósitos divinos.

Richard Rice, junto a otros, ha postulado la idea de que Dios, al igual que el ser humano, no conoce el futuro de forma exhaustiva,[1] sus argumentos han sido analizados con detenimiento por Dennis E. Akawobsa, quien llegó a la siguiente conclusión. Rice crea una tensión innecesaria entre el preconocimiento exhaustivo y definitivo de Dios y la libertad humana, esto debido a su interpretación analógica entre las emociones divinas y las humanas.[2] Es decir, el aparente asombro de Dios frente a una acción humana, hecha en base a su libre albedrío, no puede ni debe ser emulado con la reacción de sorpresa que el ser humano manifiesta frente a una situación similar. Tampoco el cambio de opinión que Dios manifiesta y que está registrado en la Biblia debe ser equiparado con el cambio de opinión que el ser humano experimenta. Las emociones y pensamientos de Dios son más altos y diferentes que los de los seres humanos; el Señor afirma: “Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis ideas y mi manera de actuar están por encima de las de ustedes.” (Isa 55:9 DHH). Así, Dios, que conoce el futuro, también tiene todavía la capacidad de manifestar admiración o asombro divino —no humano— frente a una decisión del ser creado.

El hombre no conoce el futuro ni puede predecirlo, no conoce el futuro de forma exhaustiva ni de forma general o parcial. Dios, en cambio, conoce el futuro de forma exhaustiva y también de forma general. Él sabe qué comeremos o vestiremos mañana, pero también quiénes recibirán con vida al Señor en su segunda venida y quiénes de los que todavía no han nacido harán parte de la segunda resurrección. Este conocimiento, el ser humano no lo tiene y nunca lo tendrá; este tipo de conocimiento sobre el futuro es una prerrogativa única y exclusiva de Dios. Sin embargo, es importante recordar que este Dios, incomparablemente diferente al ser humano, dice a su creación: “… con amor eterno te he amado” (Jer 31:3), “Yo anuncio el fin desde el principio” (Isa 46:10), “Hace mucho tiempo te avisé de todo eso. Te lo dije antes de que sucediera.” (Isa 48:5 PDT). Es este mismo Dios quien dice en el Nuevo Testamento: “Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que, cuando suceda, creáis” (Juan 14:29; cf. 13:19). Por lo tanto, aunque el ser humano no tenga la capacidad de saber el futuro de forma exhaustiva como Dios, sí puede conocer el futuro revelado por Dios, es decir, puede apropiarse de la información sobre el futuro que Dios ha dejado a disposición del ser humano. Este es el futuro que todo ser humano debería saber, pues conocerlo garantiza una correcta preparación para el desenlace al que rápidamente se acerca este planeta y la sociedad.

Para expresar el conocimiento del futuro, la Biblia usa el verbo proginosko y el sustantivo prognosis. Estas palabras son términos compuestos, formados por el prefijo pro, que significa antes, y la raíz ginosko, que significa conocer, entender, percibir o estar consciente de. Por lo tanto, tomando el sentido estricto de la palabra, es posible afirmar que el cristiano o cualquier otro ser humano tiene la capacidad de entender o estar consciente del futuro. Este conocer de futuro no es el preconocimiento de Dios; el ser humano no preconoce en la forma o medida en la que Dios preconoce, pero sí en su limitada esfera de poder. Se sabe que la noche llegará, que el invierno pasará o que el proyecto terminará. Detalles específicos o problemas que surgían durante el tiempo previo a la llegada de este futuro son imposibles de conocer para el ser humano. Boettner dice al respecto: “… el conocimiento humano es muy limitado y se deriva de la observación y de un proceso de razonamiento; la presciencia divina es ilimitada e intuitiva, innata e inmediata”.[3]

El deseo que el ser humano tiene por controlar el desenlace de los acontecimientos presentes en su vida lo ha llevado a hacer lo impensable para conocer el futuro. Se estudian fenómenos naturales, se han creado oráculos, horóscopos que, conforme ha pasado el tiempo, se han ido refinando en su presentación, pero no en sus aciertos. Los pronósticos del tiempo fallan, los análisis económicos de los mejores expertos no aciertan en sus augurios; así estos oráculos modernos tampoco son fiables, pues son humanos y todo lo humano está limitado al tiempo presente. Incluso aquellos que promueven la astrología como fuente para conocer el futuro, la numerología, la lectura de cartas, de la palma de la mano o del tarot, la consulta con psíquicos o médiums reconocen que el futuro es incierto. También para ellos el ser humano no puede conocer el futuro; lo único que puede conocer son los rumbos o decisiones más probables o las áreas más propensas a ser influenciadas en las decisiones que el ser humano tomará.

El 3 de diciembre del 2016 se llevó a cabo la conferencia The Future of People en el laboratorio de comunicaciones del MIT en Cambridge; el gran propósito de este evento fue vaticinar la realidad del ser humano en el año 2050. Entre los muchos expositores estuvieron David Brin, Aubrey de Grey y Jaron Lanier;[4] entre los muchos vaticinios se pronosticó que para el 2050 la esperanza de vida se extendería hasta los 150 años, que se erradicarían enfermedades comunes que afectan a millones de personas y que se eliminarían por completo las enfermedades hereditarias. Aunque esto puede hacerse realidad, esto no significa que el ser humano conozca el futuro; simplemente lo advierte o intuye en base a métodos falibles y herramientas defectuosas. Por otro lado, las experiencias pasadas nos indican que este tipo de vaticinios solo producen chasco y desilusión en la humanidad.

Por su parte, el reconocido psicólogo social y parapsicólogo Daryl J. Bem publicó en 2011 un artículo que pretende demostrar que las respuestas cognitivas y afectivas de un individuo pueden verse influenciadas por estímulos seleccionados al azar que no ocurren hasta después de que sus respuestas ya se hayan realizado y registrado; es decir, se pretendió demostrar una variante generalizada del fenómeno tradicionalmente denotado por el término precognición.[5] Este documento ha sido duramente criticado y acusado aún de viciar sus resultados; sin embargo, aun cuando sus datos estadísticos puedan decir que existe gran probabilidad de que el ser humano sienta el futuro o al menos lo vislumbre, estas investigaciones están muy lejos de demostrar que el ser humano pueda conocer el futuro tal como Dios lo hace. Lo único que demuestran este tipo de investigaciones es el ferviente anhelo que el ser creado tiene de poseer la información que solo puede ser recibida del creador.

Todos los esfuerzos que el ser humano pueda hacer para conocer el futuro nunca tendrán los resultados esperados si no se toma en cuenta al único dueño de ese conocimiento. Dios ha revelado mucha información sobre el futuro general de la humanidad; también sucesos específicos han sido anunciados. Dios no se ha reservado todo para Él; ha compartido esta información y depende de cada uno el poseerla o no. El estudio detenido del texto bíblico es la mayor fuente para conocer el futuro; la ayuda del Espíritu Santo es la garantía de que eso es posible, y la experiencia vivida por muchos en el pasado es prueba de que el ser humano comprometido con Dios puede conocer el futuro revelado por el creador.

Por lo tanto, a la pregunta: ¿Pueden los seres humanos conocer el futuro? La respuesta es doble, pero no contradictoria: sí pueden y no pueden. El ser humano no puede conocer el futuro porque esta habilidad no hace parte de las capacidades que Dios le ha entregado al crearlo. El ser humano sí puede conocer el futuro, porque el creador ha revelado el futuro general de la humanidad y esto ha sido registrado en la Biblia. Además, Dios puede revelar detalles específicos sobre el futuro a un ser humano de su elección, si Él considera que revelarlos es necesario para la humanidad o para alguien muy especial.

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[1] Richard Rice, The Openness of God: The Relationship of Divine Foreknowledge and Human Free Will (Washington, DC: Review & Herald Publishing Association, 1980).

[2] Dennis E. Akawobsa, “An Evaluation of the Definition of Exhaustive Foreknowledge in the Writings of Richard Rice” (Master’s Theses, Andrews University, 2017), consultado, Enero 16, 2020, https://digitalcommons.andrews.edu/theses/117.

[3] Loraine Boettner, “Presciencia,” en Diccionario de teología, eds. Everett F. Harrison, Geoffrey W. Bromiley y Carl F. H. Henry (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2006), 486.

[4] David Brin es un futurista de fama mundial reconocido como astrónomo, astrofísico, novelista, escritor, guionista, escritor de ciencia ficción y físico ganador de varios premios internacionales. Aubrey de Grey es presidente de la Methuselah Foundation y director científico y cofundador de la SENS Research Foundation. Jaron Lanier es cofundador de la VPL Research, empresa pionera de la realidad virtual; en la actualidad es parte del equipo científico de la Microsoft Research.

[5] Daryl J. Bem, “Feeling the Future: Experimental Evidence for Anomalous Retroactive Influences on Cognition and Affect”, Journal of Personality and Social Psychology 100 no. 3 (2011): 407–425.