Cristo viene pronto ¡Prepárate!

La Biblia y los niños

“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” (RV60)

“ὁ δὲ Ἰησοῦς εἶπεν, Ἄφετε τὰ παιδία καὶ μὴ κωλύετε αὐτὰ ἐλθεῖν πρός με, τῶν γὰρ τοιούτων ἐστὶν ἡ βασιλεία τῶν οὐρανῶν.” (NA28)

Mateo 19:14.


Ha sido ampliamente aceptado que “los niños a menudo son olvidados en la historia. Ellos no escriben, rara vez están representados en el arte, y no parecen ser valiosos en las historias en las que los adultos tienen roles importantes”. Esta realidad social, resultante del pecado y la maldad, se repite por milenios a través de la historia. La Biblia expone dicha realidad de forma cruda y transparente; sin embargo, también expone una realidad ideal para los niños, una donde ellos pueden vivir en paz, gozando de absoluta seguridad aun en medio de las fieras más salvajes, pues ni las cobras, ni las víboras, ni nada que exista sobre este planeta, allí, podrá hacerles daño (cf. Isa. 11:6–9). Sin embargo, mientras esta nueva realidad llega, siempre habrá uno —el enemigo— que intente y en algunos casos lo consiga, quitar la vida de un niño (cf. Mat. 2:13), así como uno que —Dios—, interviniendo en la historia, liberará y vengará la muerte de estos inocentes (cf. Deut. 32:35; Mat. 2:13; Rom. 12:19).

La más clara y objetiva lección bíblica respecto al trato que un niño debe recibir es el modelado por Dios en su relación con sus criaturas —la humanidad. Dios es justo, santo, fiel, sabio, veraz, amoroso, perdonador, iluminador, compasivo, protector, poderoso, ayudador, paciente, misericordioso, temible y tardo para la ira (cf. Deut. 10:17; 2 Cron. 30:9; Esd. 8:22; Sal. 36:7; Dan. 9:9; Juan 3:33; 2 Cor. 1:18; 1 Juan 1:5). Es deber de todo adulto seguir este mismo patrón de comportamiento en su relación con los niños que lo rodean. Aunque “Dios es grande, no desestima a nadie” (Job 36:5), ni a los más pequeños e indefensos individuos de la tierra, los niños. Él, hecho carne y bajo el nombre de Jesús, dijo a sus discípulos: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mat. 19:14).

La Biblia usa muchas palabras hebreas y griegas —heb. yeled, hareh, naar, etc.; gr. nēpios, paidion, teknon, etc.—, muchas historias, por ejemplo: “El niño rey: Josías” (2 Rey. 22:1; 2 Cron. 34:1), y muchos tecnicismos teológicos, para hablar de los niños; sin embargo, su mensaje es uno: “herencia de Jehová son los niños” (cf. Sal. 127:3). Ellos tienen deberes (cf. Éxo. 20:12) y derechos (cf. Prov. 22:6), pero también son modelos de fe, ya que muestran humildad, mansedumbre y receptividad a la ayuda divina (cf. Luc. 18:16–17). El primer niño anunciado en la Biblia fue fuente de esperanza para la humanidad caída (cf. Gen. 3:15). Frente a esta realidad, Adán y Eva le dieron un lugar prominente en su círculo familiar a este niño, y lo trataron con responsabilidad, respeto, consideración y amor. Trata a los niños tal como Dios trata al ser humano o al menos tal como Adán y Eva lo hicieron.