Una versión anterior de este artículo fue publicada en: Rojas Yauri, Benjamin y Joel Iparraguirre, “Jesucristo es el Señor: El concepto de señorío en las Escrituras” en El Señorío de Cristo y la mayordomía cristiana, eds. Benjamin Rojas Yauri y Cristian S. Gonzales, 3-16. Lima, Fondo Editorial Universidad Peruana Unión, 2016.
Introducción
“¿De Nazaret puede salir algo bueno?”, fue la respuesta a modo de pregunta que Natanael le dio a Felipe, cuando este le dijo que habían encontrado a Jesús (cf. Juan 1:46).[1] “¿Quién es este?”, fue también la pregunta que el pueblo de Jerusalén se hizo cuando Jesús entró a dicha ciudad (cf. Mat 21:10, 11). Conocer o no conocer a “este” tiene sus consecuencias. Lo que se cree en cuanto a su identidad, a su importancia teológica en la historia y a su valor religioso para la sociedad contemporánea, es una cuestión determinante para el destino eterno de nuestra existencia.
Pero, ¿quién es este hombre a quien se le llama Jesús? ¿Por qué las Escrituras lo señalan como el medio para alcanzar la vida eterna? ¿Por qué se dice que debemos confesarlo como Señor para ser salvos? ¿Qué significa el título “Señor” y cómo afecta a nuestras vidas?
Con el fin de responder a cada una de estas preguntas,[2] el presente estudio, en primer lugar, mostrará el concepto de señorío a través de las palabras claves en el Nuevo Testamento. En segundo lugar, se revisará brevemente algunos pasajes claves sobre aquello que dice Pablo respecto a este tema. Finalmente, se mostrará qué relación tiene el tema bajo estudio con la salvación del creyente.
Definiendo el concepto
Reiteradas veces, la Escritura presenta a Jesús como Señor y Salvador. No obstante, es común que la mayoría de los cristianos asuman una experiencia con Cristo como Salvador, olvidándose de que la mayoría de las referencias bíblicas lo exponen como Señor.[3] Debido a lo mencionado, creemos que es importante estudiar el concepto de “Señor” en la cristología neotestamentaria.
Adon como antecedente del término kúrios
En el Nuevo Testamento, despótes y kúrios son los términos griegos traducidos como “Señor”. El primero de ellos significa: (1) amo —que, por lo general, indica autoridad absoluta sobre una casa—, (2) dueño, (3) soberano, (4) gobernante y (5) señor. Es uno que tiene posesión y poder absoluto.[4] Aparece, desde un punto de vista griego y helenístico, como amo en contraposición al esclavo, dando a entender que estos deben someterse a sus amos (Tito 2:9; 1 Ped 2:18) y han de considerarlo digno de todo honor (1 Tim 6:1).[5] Sin embargo, se debe reconocer que, en algunos textos, despótes es empleado para designar a Dios (cf. Luc 2:29; Hch 4:24; Apo 6:10).[6]
Al igual que el primer término, el segundo es un sustantivo que implica posesión de poder o autoridad. Puede ser traducido como (1) soberano, (2) gobernante, (3) maestro y (4) señor.[7] Kúrios está presente 773 veces en el Nuevo Testamento;[8] y esto, junto a lo señalado anteriormente, indica el énfasis especial que tiene este término con relación al personaje central del Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo.
En la traducción griega del Antiguo Testamento, conocida como la Septuaginta (LXX), kúrios es usado como traducción del tetragrámaton, yhwh. Asimismo, el término hebreo adon, que es traducido como amo, se utiliza varias veces para referirse a Dios y, notoriamente, siempre es traducido como kúrios. De este último, adon, también se pueden encontrar otros usos como: [1] dueño de un esclavo (cf. Gén 24:12), [2] el esposo de una mujer (cf. Gén 18:12), [3] un término de la corte real (cf. 1 Sam 26:17), [4] un término de cortesía (cf. Gén 23:6) y [5] un término de alta veneración (cf. Núm. 11:28).
Aunque adon era usado comúnmente con respecto a Dios, Unger ha señalado que esta palabra es primitiva y que “denota sentido de propiedad y, por lo tanto, de control absoluto… [De esta manera] no es propiamente un título divino, [ya que está] siendo usado para alguien que es dueño de esclavos”.[9] Algo similar a lo que significa la palabra despótes. Por su parte, Brown, Driver y Brigg llegaron a la conclusión de que la raíz de adon significa originalmente “firme, fuerte”. Sin embargo, más tarde le dieron el sentido de “determinar, ordenar, gobernar”, y de manera especial, “poner bajo el dominio o a la orden de, gobernar sobre”.[10]
En síntesis, parece que el significado original de adon no fue un título divino, como se lo entiende ahora, sino que llegó a ser uno debido a su destacado énfasis para el gobierno, ajustándose de manera correcta a la autoridad absoluta de Dios. Asimismo, al tratar de entender el concepto del señorío en la Biblia, se debe notar el pensamiento de los traductores de la Septuaginta, que consideró a kúrios como el término ideal para adon.
Lo más revelador de la Septuaginta, no obstante, es el empleo de kúrios como traducción del tetragrámaton, yhwh, nombre exclusivo de Dios. De las aproximadamente 6832 veces que aparece yhwh, 6156 son traducidas como kúrios.[11] Al respecto, el Theological Dictionary of the New Testament señala:
El elemento de legalidad debe ser enfatizado porque la presentación del tetragramatón por kúrios ocurre en toda la LXX y, por lo tanto, se remonta a las primeras etapas de esta traducción. Con su elección de kúrios en lugar de despótes, que también era posible y quizá más natural en términos de uso actual, la LXX hace una afirmación fuerte y consciente del hecho de que la posición de yhwh como Señor es legítima.[12]
Es probable que la LXX use kúrios, porque enfatiza el hecho de que, como Libertador de Egipto y como Creador, Dios tiene un derecho válido de dominio sobre su pueblo y sobre el universo. Es soberano en sentido absoluto.[13]
El uso de kúrios en el Nuevo Testamento
Como se señaló anteriormente, kúrios aparece en el Nuevo Testamento más de 700 veces. Sin embargo, este también tiene un uso secular/profano y religioso.
En su primer uso, aparece con el sentido de señor o dueño de una casa (Mar 13:35, cf. Luc 13:25), de una viña (Mar 20:8; 21, 40; 12:9; Luc 20:13, 15), de la mies (Mat 9:38; Luc 10:2), de sirvientes, administradores o esclavos (Mat 10:24, 25; 13:27; 18:25-34; 24:45-50; Luc 13:8; 14:21-23; 16:3, 5, 8; 19, 16-25; Juan 13:16; 15:15, 20; Hch 16:16, 19; Rom 14:4; etc.), de animales (Mat 15:27; Luc 19:33) y de la herencia (Gál 4:1).
Cuando aparece en vocativo, kúrie, el sentido cambia y hace referencia a un tratamiento cortés y respetuoso hacia la persona que posee autoridad (Mat 21:29; 1 Ped 3:6; Mat 25:11; Juan 12:21). También, se aplica al emperador romano (Hch 25:26), a los soberanos seculares (1 Cor 8:5; Apo. 17:14; 19:16), a Pilato (Mat 27:63), etc. Kúrie también aparece para dirigirse a Jesús. Sin embargo, ¿su sentido sería una simple forma de cortesía —como decimos en el español, “Señor”; o en el inglés, “Sir”? O quizá, ¿es un título para dirigirse a Cristo? En labios de personas que no son discípulos o que no son judíos, kúrie puede tener el primero de estos dos sentidos. Tales son los casos, por ejemplo, del centurión romano (Luc 7:6), de Zaqueo (Luc 19, 8b), del padre del epiléptico (Mt 17, 15), de Saulo cuando iba camino de Damasco (Hch 9:5; 22:8, 10; 26:15), etc.
No obstante, kúrie también es usado por los discípulos y seguidores de Jesús con el fin de dirigirse a Él. Así lo hacen los que desean ser discípulos (Luc 9:57, 59, 61; Mat 8:21), los que son discípulos (Mat 8:25; 26:22; Luc 10:17; 11:1; 17:37; 22:38, 49; Juan 6:34; 11:12), los justos (Mat 25:37) e injustos (Mat 25:44), el discípulo amado (Juan 13:25; 21:20), Pedro (Mat 14:28, 30; 16:22; 17:4; 18:21; Luc 5:8; 12:41; 22:33; Juan 6:68; 13:6, 9, 36, 37; 21:15), Tomás (Juan 14:5; 20:28), Felipe (Juan 14:8) y Judas (Juan 14:22).
Lo más impactante, sin embargo, es que el Nuevo Testamento aplica con frecuencia el término kúrios a yhwh (Dios Padre); y tiene como base el Antiguo Testamento, como se nota en los siguientes ejemplos: “el ángel del Señor” (Mat 1:20, 24; 2:13, 19; 28:2; Luc 1:11; 2:9; Hch 5:19; 8:26; 12:7, 23), “la palabra del Señor” (Hch 8:25; 12:24; 13:48; 15:35, 36; 19:10, 20; 1 Tes 4:15; 2 Tes 3:1), “el nombre del Señor” (Sant 5:10).[14] ¿Pero en qué se basan los autores del Nuevo Testamento para aplicar la palabra griega kúrios a yhwh (Dios Padre)? Fitzmyer responde que,
Kúrios… podía considerarse derivado de la LXX; porque, en los grandes códices en pergamino, el hebreo yhwh es traducido por kúrios. . . Ahora bien, esta traducción se encuentra únicamente en las copias cristianas de la LXX que datan de los siglos IV y V, pero no en los manuscritos confeccionados para los judíos de la lengua griega en época anterior al cristianismo. . . En estas traducciones del Antiguo Testamento, el nombre de yhwh —escrito en letras hebreas o paleohebreas— se insertaba en el texto griego.[15]
Pablo y el fundamento del señorío de Cristo
Entre los autores del Nuevo Testamento, Pablo es quien desarrolla profundamente el concepto de señorío. Él resume su evangelio presentando a “Jesucristo como Señor” (2 Cor 4:5).
En pasajes donde el concepto del señorío de Jesús está presente de manera explícita, se percibe que la resurrección se entiende como el acontecimiento decisivo para su consolidación como Señor. Así, por ejemplo, Romanos 10:9 afirma que confesar que “Jesucristo es el Señor” es la expresión pública del reconocer que “Dios le levantó de los muertos”. Es decir, Jesús es el Señor en virtud de su resurrección entre los muertos, como afirma Romanos 14:9: “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven”.[16]
Fuera de los otros títulos con los que se llama a Jesús —como se nota en la figura posterior—, el más prominente es kúrios. ¿Por qué este término se aplica tanto a yhwh (Dios Padre)? Para Pablo, el uso absoluto de kúrios constituye el clímax de Filipenses 2:6-11, texto considerado como un himno prepaulino citado por el mismo apóstol.[17]
| Isaías 45:21, 22-23 | Filipenses 2:9-11 |
|---|---|
| “. . . Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de Dios. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mí mismo hice juramento; de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada. Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua” | “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” |
A pesar de que la resurrección como tal no es mencionada aquí, la exaltación sigue a, y es la respuesta divina a la cruz (Fil 2:8). La afirmación del señorío de Jesús se remonta al menos hasta los primeros días de reflexión cristiana sobre la resurrección de Cristo. Uno de los textos de ayuda para que los primeros cristianos entiendan este concepto fue el Salmo 110:1, que dice: “Así dijo el Señor [yhwh] a mi Señor: ‘Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’”.[18] Ellos sabían que “mi Señor” solo podría referirse a una persona específica, Jesucristo. Y si se acepta a Pablo como el autor de la epístola a los Hebreos,[19] entonces, se debe asumir que, para él, es evidente que el Señor [yhwh] del Salmo es el Señor Jesucristo.
Esto significa que la declaración de Jesucristo como Señor no debe entenderse como un “golpe de Estado”, “toma de control” o reemplazo de yhwh por Cristo.[20] Al contrario, yhwh (Dios Padre) es glorificado por la confesión de Jesús como Señor. Lo más obvio que puede desprenderse de este texto es que el mismo Dios de Isaías 45 y del Salmo 110 es el “que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2:7-8). En otras palabras, el señorío universal de Jesucristo ha sido determinado por su identidad y ha sido efectuado por yhwh, con el fin de que ambos reciban la gloria que les corresponde.[21]

Imagen: Adaptado de Questions for Jehovah’s Witnesses ©1983 William I. Cetnar.
Entonces, respondiendo a la pregunta que fue planteada en esta sección, kúrios es el “nombre sobre todo nombre” (Fil 2:9) y es aplicado a Dios el Hijo, encarnado y exaltado.[22] Indudablemente, esto constituye la razón por la cual hay que darle la misma adoración (v. 10) que, de acuerdo con Isaías 45:22, 23, solo le correspondería a yhwh. Jesús aceptó la adoración de un leproso (Mat 8:2); de un ciego que fue sanado (Juan 9:38); de los discípulos (Mat 14:33); de Tomás (Juan 20:28), etc. En ninguno de estos ejemplos encontramos a Jesús impidiendo que lo adoren; al contrario, se ve que la acepta como algo que le correspondía legítimamente.[23] Que ambos —yhwh y Jesús— reciban la misma adoración, quiere decir, en efecto, que son Dios, pues solo a Dios se le debe adorar.[24]
El señorío de Cristo y la salvación
Blazen menciona que
La salvación de la humanidad no es el resultado de un pensamiento divino posterior, o una improvisación necesaria debido a un inesperado vuelco de los acontecimientos después de la entrada del pecado. Más bien, la salvación resulta de un plan divino para la redención del ser humano formulado antes de la fundación de este mundo (1 Cor 2:7; Efe 1:3, 14; 2 Tes 2:13, 14) y se arraiga en el amor eterno de Dios por la humanidad (Jer 31:3).[25]
El plan divino consistía —y consiste— en que Dios dé a su Hijo, es decir, Cristo, para que “todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Jesús no vino al mundo para condenarlo, “sino para que el mundo sea salvo por Él” (3:17). Aceptar a Cristo como Salvador es importante; sin embargo, no es suficiente. Siguiendo la línea de pensamiento de la sección anterior, ¡Cristo debe ser considerado como Señor en virtud de su obra salvífica! En su predicación, el apóstol Pedro declaró que Jesús crucificado fue hecho Señor (Hch 2:36). Una vez resucitado y ascendido a los cielos, es entronizado a la diestra de Dios (Mar 16:19) para reasumir su reinado (Luc 1:32; Hch 2:25, 34; 1 Tim 6:15), y ser declarado Redentor (Luc 2:11; Rom 5:21) y Reconciliador (Rom 5:11).
Así como Filipenses 2:9-11 es citado desde el Antiguo Testamento para presentar la deidad de Jesucristo como Señor,[26] ahora Pablo se vuelve a Joel 2:32 para presentar el mismo enfoque, pero relacionado con el motivo de la salvación.
| Joel 2:32 | Romanos 10:9, 13 |
|---|---|
| “Y todo aquel que invocare el nombre de yhwh será salvo” | “… si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo… porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” |
Aceptar a Jesús como Salvador y no reconocerlo como Señor es una contradicción que no armoniza con la cristología y la soteriología bíblicas. No puede existir una verdadera experiencia salvífica si uno no está dispuesto a someterse al señorío de Cristo. Pero, para no malentender esta idea, debe estudiarse el texto de Romanos 10:9, 13 en su contexto:
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: ‘Todo el que confíe en él no será jamás defraudado’. No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, porque ‘todo el que invoque el nombre del Señor será salvo’ (vv. 10-13, NVI).[27]
No se trata de un mero asentamiento intelectual, sino de una genuina aceptación de corazón. Al hacer esto, el creyente queda justificado y, luego, confesará públicamente la salvación que ya ha recibido. “Si no hay confesión de Cristo el Señor con la boca, no podemos hablar de salvación; como dijo nuestro Señor, ‘el que crea y sea bautizado, será salvo’ [Mar 16:16]”.[28]
Algunos preguntarán por qué primero viene la confesión en Romanos 10:9 y luego la creencia, mientras que en Romanos 10:10 la creencia viene primero y luego la confesión. Esto se debe a que en el v. 9, el énfasis está en la encarnación y en la resurrección, por lo que deben ser entendidas en su orden histórico. En el v. 10, el hincapié recae sobre el orden de los acontecimientos en el proceso de salvación de un pecador: Cree y luego hace una confesión pública de su salvación.
Por otro lado, es interesante notar, una vez más, que Pablo aluda a Isaías 28:16 para referirse a Romanos 10:11. Si bien es cierto que algunos pueden ser avergonzados por presentar a Jesucristo como su Señor y Salvador, Él —el Señor Jesús— nos da la esperanza de que “a cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mat 10:32).[29] Puesto que Dios no es exclusivista, sino que es el Señor de todos, la salvación está disponible para todo aquel que lo invoque como su Salvador y Señor.
Existe un problema, sin embargo, cuando la confesión del señorío de Cristo es simplemente de labios y no de corazón, pues “un corazón que cree para justicia y una boca que confiesa para salvación no son realmente dos cosas distintas, sino dos aspectos de lo mismo.”[30] Si de los dos solo está uno, entonces tal confesión no es aceptable delante del Señor. La confesión verdadera del señorío de Cristo debe ser práctica y manifestarse por medio de una obediencia sincera y genuina a su autoridad y soberanía.
Conclusión
En primer lugar, despótes y kúrios surgen como términos intercambiables cuyo significado es similar: amo, dueño, gobernante, soberano, maestro y señor. De estos dos términos griegos, kúrios tiene un significado especial, pues está ligado a la persona de Jesucristo y es la traducción griega del tetragrámaton, yhwh; el nombre para Dios Padre en el Antiguo Testamento.
En segundo lugar, para el apóstol Pablo, kúrios constituye el clímax del himno cristológico de Filipenses 2:6-11. En este se evidencia que Jesús ocupa un lugar de soberanía sobre todos los seres humanos, tanto vivos como muertos (cf. Rom 14:9). Él desempeña el papel de Dios y, cuando el mundo adora a Cristo como Señor, adora a yhwh.
En tercer lugar, el reconocimiento del Señor Jesús como soberano y con autoridad absoluta no debe ser entendido como una imposición desde el exterior, sino como una decisión voluntaria que produce gozo.[31] Barclay destaca que:
Al confesar que Jesucristo es el Señor, le estaba brindando, implícitamente, reverencia y obediencia. Llamar a Jesús kúrios era llamarlo Dios y soberano a nivel personal. [Por lo tanto], para ser creyente en Jesucristo, uno debe tener la absoluta seguridad de que Jesucristo es singular y único.[32]
Confesar el señorío de Jesús es ser salvo (Rom 10:9). No obstante, esta confesión no debe ser por compromiso, sino genuina y de corazón. Al hacer esto, el creyente es justificado y puede proclamar abiertamente, como testimonio personal, la salvación que ya ha recibido del Señor Jesús. Sin embargo, esta proclamación como salvador no puede estar separada de la distinción de Jesús como Señor.
En quinto lugar, la experiencia de salvación del cristiano se fundamenta en un proceso que va más allá del perdón o justificación otorgado por nuestro Salvador, Jesucristo. El plan de salvación como solución para el pecado produce en la vida del creyente el proceso llamado santificación; pero esto puede darse solo a través del señorío de Cristo. No obstante, la solución final al problema del pecado se dará cuando el Señor establezca su reino en gloria y majestad para los redimidos, y produzca en la vida del creyente la obra de la glorificación.
| Justificación | Santificación | Glorificación |
|---|---|---|
| Se convierte al Señor (Hch 11:21; 2 Cor 3:16) | Las obras deben estar en armonía con la voluntad divina (Mat 7:21-22; 21:30; 25:37-45; Luc 6:46; 13:25; Efe 5:17; Col 3:23; 4:1) | Toda rodilla confesará que Jesús es el Señor (Fil 2:11) |
| Cree en el Señor y confiesa su Señorío para alcanzar la salvación (Rom 10:9-10; Hch 9:42; 15:11; 16:31; 18:8; 19:5; Rom 10:13) | El mayordomo debe ser fiel a su Señor (Mat 24:42-50; 25:18-26; Luc 12:37, 42-47; 16:3-8; Hch 11:23) | Tiene la esperanza de encontrarse con su Señor para estar por siempre junto a Él (1 Tes 4:17). |
| El Señor da libertad a la vida del creyente (1 Cor 7:22, 2 Cor 3:17) | Debe vivir para su Señor (Rom 14:8) | Él recompensará a los mayordomos fieles (Mat 25:21, 23) |
| La fe en Cristo como Señor está relacionada con la fe y el bautismo (Efe 4:5; Hch 16:31-32). | Se edifica en su Señor (Efe 2:21; 5:8; 6:10; Fil 3:1; 4:1; Col 3:17; 1 Tes 3:8) | Él destruirá a los infieles (Luc 20:15) |
| Debe predicar que Jesús es el Señor (2 Cor 4:5) | ||
| Por medio de Él alcanza la victoria (1 Cor 15:57) | ||
| Escucha y enseña la Palabra de su Señor (Hch 13:44, 48, 49; 15:35; 28:31; 1 Tes 1:8) |
Finalmente, la persona que acepta y reconoce al Señor Jesús como el Señor de su vida, se autodenomina un mayordomo de Él (cf. Mat 20:8) y debe realizar una entrega completa de su vida (cf. Luc 10:27). Como nota Elena G. de White,
El asunto de la mayordomía ocupa un lugar importante y vital en el ámbito de la vida y el servicio cristiano. Esto concierne profunda y persistentemente a cada creyente cristiano. Nuestro reconocimiento de la soberanía de Dios, de su señorío de todas las cosas y de su concesión de su gracia a sus hijos, forma parte de nuestra debida comprensión de los principios de la mayordomía cristiana. A medida que nuestro conocimiento de estos principios crezca y se amplíe, obtendremos una comprensión más plena acerca del modo como el amor y la gracia de Dios obran en nuestras vidas.[33]
________________________
[1] A no ser que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas fueron tomadas de la versión Reina-Valera revisión 1960.
[2] Si bien es cierto que la primera pregunta de este estudio gira en torno a saber quién es Jesucristo, esta no será respondida porque, a pesar de los acalorados debates que giran en torno a Él, creemos que fue un personaje real e histórico. Para más información, véase Roberto Pereyra, “Yo creo en el Jesús histórico”, DavarLogos 8/1 (2009): 17-30; William G. Johnsson, Jesus of Nazareth: His Life (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2015); ídem, Jesus of Nazareth: His Message, His Passion (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2015). Para más detalles respecto a los debates y aproximaciones sobre los estudios en Jesús, véase Michael Wilkins y J. P. Moreland, eds., Jesús bajo sospecha: Una respuesta a los ataques contra el Jesús histórico, trad. Dorcas González Bataller (Terrasa, Editorial Clie, 2003); James H. Charlesworth y Petr Pokorný, eds., Jesus Research: An International Perspective, Princenton-Prague Symposia Series on the Historical Jesus, vol. 1 (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2009); ídem, Jesus Research: New Methodologies and Perceptions, Princenton-Prague Symposia Series on the Historical Jesus, vol. 2 (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2014). Un importante resumen sobre los artículos publicados respecto a Jesús puede ser encontrado en Craig A. Evans, Life of Jesus Research: An Annotated Bibliography, New Testament Tools and Studies 24, ed. rev. (Brill, 1996).
[3] En un conteo rápido, se puede notar que existen 291 versículos bíblicos en los que la raíz griega kúrios se relaciona, de forma directa o indirecta, con la persona del Señor Jesús, mientras que solo existen 24 versículos en los que la raíz griega sotér (salvador) se relaciona con él.
[4] Véase “δεσπότης”, en New International Dictionary of New Testament Theology and Exegesis, ed. Moisés Silva, 2da ed. (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2014), 1:670.
[5] Ibíd.
[6] Probablemente, lo más significativo es que despótes aparece como título de Cristo cuando se caracteriza a los falsos maestros. Judas 4 dice: “Porque ciertos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes fueron ordenados para esta condenación, hombres impíos, que cambian la gracia de nuestro Dios en libertinaje, negando al único Señor Dios, y a nuestro Señor Jesucristo”.
[7] Para un estudio exhaustivo sobre el término “κύριος”, a lo largo de la historia y de las Escrituras, véase Theological Dictionary of the New Testament, ed. Gerhard Kittel, trad. Geofrrey W. Bromiley (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2006), 3:1039-1110; en adelante TDNT. Cf. Véase Andy Johnson, “Lord”, en The New Interpreter’s Dictionary of the Bible (Nashville, TN: Abingdon Press, 2008), 3:687; M. J. Harris, “Lord”, en The International Standard Bible Encyclopedia, ed. Geoffrey W. Bromiley (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1990), 3:157-158.
[8] Los conteos presentes en este documento se realizan en base al texto griego (Textus Receptus) usado para la traducción de la versión Reina Valera de 1960.
[9] Merrill F. Unger, Diccionario Bíblico de Unger (Chicago: Moody, 1966), 665.
[10] Francis Brown, S. R. Driver y Charles A. Briggs, The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon (Grand Rapids, MI: Hendrickson, 1994), 10.
[11] Véase Brown-Driver-Briggs, 217; cf. TDNT, 3:1158.
[12] TDNT, 3:1082.
[13] Es interesante notar que el adjetivo kúrios y el nombre kuros pueden ser rastreados hasta las palabras indogermánicas tempranas keu y ku, con un sentido de aumentar y, en última instancia, “ser fuerte”. En el griego clásico, kúrios se usaba con respecto a una captura militar con el fin de denotar posesión; de este modo, “ser un kúrios es ejercer una influencia poderosa” (TDNT, 3:1081-1085). Se usaba, además, en el sentido limitado de señor como dueño, alguien con plena autoridad. La razón por la cual los dioses fueron llamados más adelante como kúrios fue desarrollada a partir de esta idea de autoridad legítima y poderosa (ídem, cf. 1095).
[14] Para más detalles, véase Gordon D. Fee, Pauline Christology: An Exegetical-Theological Study (Peabody, MA: Hendrickson, 2007).
[15] J. A. Fitzmyer, “κύριος”, en Diccionario exegético del Nuevo Testamento, eds. Horst Balz y Gerhard Schneider (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2005), 1:2443.
[16] Este concepto también está presente de manera explícita en el himno cristológico de Col 1:15-20, donde se señala a Cristo como “el primogénito de toda creación”. Para más detalles, véase Ekkehardt Mueller, “The Firstborn in Colossians 1:15” (Documento inédito, Biblical Research Institute, 2008).
[17] Para más detalles sobre este himno, véase Gorden D. Fee, Comentario de la epístola a los Filipenses (Terrasa: Editorial Clie, 2004), 79-96, 257-298.
[18] Para las discusiones sobre el uso del Salmo 110:1 y su aplicación para Cristo, véase D. M. Hay, Glory at the Right Hand: Psalm 110 in Early Christianity (Nashville, TN: Abingdon, 1973); M. Hengel, “‘Sit at My Right Hand!’ The Enthronement of Christ at the Right Hand of God and Psalm 110.1”, en Studies in Early Christology (Edinburgh: T&T Clark, 1995), 119-225.
[19] Respecto a esta afirmación, véase George R. Knight, Exploring Hebrews (Nampa, ID: Review and Herald, 2003); Ekkehardt Mueller, Come Boldy to the Throne: Sanctuary Themes in Hebrews (Nampa, ID: Pacific Press, 2003); ídem, Worship and Witness: Introduction to the New Testament (Silver Spring, MD: Grigg University, 2006), 311-323. Un comentario exhaustivo que está en preparación por la Iglesia Adventista es el de Félix H. Cortez, Commentary on the Letter to the Hebrews, Seventh Day Adventist International Bible Commentary, ed. Jacques Doukhan et al. (Boise, ID: Pacific Press).
[20] James D. G. Dunn, The Theology of Paul the Apostle (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1998), 251, 252.
[21] Ibíd.
[22] Fee, 395.
[23] Dunn, 252-260. Un importante estudio sobre la adoración a Cristo puede ser encontrado en, ídem, Did the First Christian Worship Jesus?: The New Testament Evidence (Louisville, KT: Westminster John Knox Press, 2010).
[24] Aquí no pretendemos discutir sobre la divinidad de Cristo y cómo esta fue aceptada o rechazada a lo largo de la historia. Creemos que, según la evidencia bíblica, la deidad de Cristo puede verse claramente en pasajes como Juan 1:1, 3; 20:28; Hebreos 1:8, 10; Colosenses 1:15-17; Marcos 2:5, 10, 11; Filipenses 3:21; Juan 5:28, 29; 10:28; 17:10, etc. Para más detalles, véase Woodrow Whidden, Jerry Moon y John Reeve, The Trinity: Understanding God’s Love, His Plan of Salvation and Christian Relationship (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2002); Andrews Jukes, Los nombres de Dios en la Sagrada Escritura (Viladecavalls: Clie, 1988); Rubén Castillo Anchapuri, Nombres y títulos de la deidad bíblica (Lima: Publicaciones Recabel, s/a).
[25] Ivan T. Blazen, “Salvación,” en Tratado de teología adventista del séptimo día, trad. Aecio Cairus (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), 311, 313-322. Énfasis añadido.
[26] Un estudio exhaustivo de los textos veterotestamentarios citados por Pablo para mostrar la relación divina entre yhwh y Jesucristo, como también su señorío, puede ser encontrado en D. B. Capes, Old Testament Yahweh Texts in Paul’s Christology (Tübingen: Mohr Siebeck, 1992); Larry W. Hurtado, Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2005), 108-118; Loren T. Stuckenbruck y Wendy E. S. North, Early Jewish and Christian Monotheism (Edinburgh: T&T Clark, 2004), 120-137.
[27] Énfasis añadido.
[28] W. Kelly, Notes on the Epistle of Paul to the Romans (London: G. Morrish, 1873), 109.
[29] Para más detalles sobre Romanos 10:9-13, véase Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento: Romanos (Terrasa: Editorial Clie, 2011), 776-786.
[30] Kenneth S. Wuest, Romans in the Greek New Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1964), 178.
[31] G. Ladd, Teología del Nuevo Testamento, trad. José María Blanch y Dorcas González Bataller (Terrassa: Editorial Clie, 2002), 560.
[32] William Barclay, Romanos (Buenos Aires: Ediciones La Aurora, 1973), 154.
[33] Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, 5.

